9 nov 2012

Sobre Dioxitek: Imprevisiones y aplazamientos

La Voz del Interior (09/11/2012)
Imprevisiones y aplazamientos

La planta de dióxido de uranio de Alta Córdoba debe relocalizarse en 18 meses, pero dado su historial de falsas promesas, es necesario que las autoridades responsables sigan el caso día por día.
El caso de Dioxitek –la empresa que procesa dióxido de uranio en medio del barrio de Alta Córdoba, en la capital provincial– merece un capítulo especial en los anales de la imprevisión de la administración argentina, incluso en un sector donde no falta materia gris, como es la ingeniería nuclear.
Sólo basta con repasar la historia del predio de la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea) –que se remonta a 1952– para comprender que desde el principio hubo una falta de perspectiva sobre las consecuencias de desarrollar este tipo de industria dentro del ejido urbano de la ciudad de Córdoba.
Es cierto que no se pueden traspolar las preocupaciones ambientales del presente a la década de 1950, cuando la ideología del progreso industrial se encontraba en su apogeo en el mundo.
También es cierto que esa zona de Alta Córdoba estaba casi despoblada y las instalaciones, que habían pertenecido a Fabricaciones Militares, resultaban ideales para el emprendimiento.
De todas maneras, incluso en los inicios de la llamada “era atómica”, se conocía la peligrosidad y el potencial contaminante del uranio.
En ese sentido, es válido señalar que hubo responsables de no advertir los riesgos o de minimizarlos en el origen mismo de este proyecto.
Ese grado de responsabilidad siguió creciendo en las décadas posteriores, cuando de la fase de ensayos de recuperación del uranio se pasó al desarrollo de tecnologías para purificarlo y transformarlo en distintos compuestos químicos.
Así empezaron a generarse residuos radiactivos que fueron enterrados en el predio y que hoy superan las 57 mil toneladas.
En 1982, cuando se crea Dioxitek para abastecer de combustibles a las centrales de energía atómica de la Argentina, esa zona de barrio Alta Córdoba ya no estaba despoblada.
Desde entonces, pese a las denuncias de organizaciones ambientalistas, a las quejas de los vecinos y a los sucesivos anuncios de inminentes mudanzas, la planta sigue allí.
Dos fechas significativas: la ordenanza que prohíbe este tipo de plantas industriales en el ejido municipal fue sancionada en 1985 y el primer pedido oficial de relocalización fue en 1994.
El 29 de septiembre de este año, cuando la Municipalidad clausuró la planta, parecía que el caso Dioxitek empezaba a cerrarse.
Pero no fue así. Tras una negociación entre el ministro de Planificación de la Nación, Julio De Vido, y el intendente de la ciudad de Córdoba, Ramón Mestre, la empresa obtuvo 18 meses adicionales para trasladarse y empezar los trabajos de remediación del terreno.
¿Cumplirá Dioxitek con su compromiso? Si la sociedad cordobesa no quiere que se prolongue esta larga historia de imprevisiones, deberá contarles día por día a las autoridades responsables de contestar con un sí esa pregunta.

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