10 abr 2011

Producción orgánica de alimentos en Córdoba

El Puntal de Río Cuarto (10/04/2011)
Producción orgánica de alimentos: un beneficio para la salud y el ambiente

En la provincia hay 75 mil hectáreas certificadas que hacen agricultura o ganadería sin usar químicos. A ellas se suman cientos de huertas urbanas y pequeños productores que trabajan la tierra de este modo.
La producción orgánica de alimentos es una práctica elegida por muchos ante los efectos que los agroquímicos causan al medio ambiente y a la salud. Las experiencias van desde pequeñas huertas en casas de la ciudad hasta campos de más de mil hectáreas. Según productores y especialistas, lo que las une es la decisión de trabajar en armonía con la naturaleza.
En el país existen 4 millones 300 mil hectáreas orgánicas certificadas y a nivel provincial suman 75 mil. De cualquier modo, el ingeniero agrónomo Claudio Sarmiento advierte que las extensiones de tierra trabajadas de este modo son mucho más altas, dado que gran parte no se incluyen en ese registro. Ese es el caso de los productores de Río Cuarto y la región a los que Sarmiento brinda asistencia desde el Programa Cambio Rural del INTA.
Según las normativas que regulan y certifican esta actividad en Argentina y el mundo su principal definición es que no usa ningún tipo de agroquímico ni de semillas transgénicas.
Acerca del sentido de esta alternativa, el ingeniero agrónomo manifiesta que la producción orgánica de alimentos beneficia al productor, al consumidor, al medio ambiente y la población en general. “El primer beneficiado es el productor”, indica y explica que es quien suele encontrarse más expuesto a los químicos durante y después de las fumigaciones.
El acceso a una comida segura y nutritiva es otro de los grandes aportes de esta práctica según el especialista. Al respecto, destaca que generalmente los consumidores compran alimentos que no están correctamente controlados en relación a la presencia de químicos. “La verdura es el caso más concreto: en el Mercado de Abasto no se realizan los controles que se tienen que realizar”, agrega.
En este sentido, Sarmiento advierte que son muchas las instancias en las que la comida puede contaminarse mediante la agricultura convencional.
“Por ejemplo, el pan que comemos viene del trigo, el trigo es acopiado en silos, esos silos en la época de verano para que no se agorgojen se fumigan cada dos o tres días, eso se hace harina a la que se le agregan aditivos. Además de que el trigo ya traía agroquímicos del propio lote y a veces los camiones también se fumigan. ¿Qué queda de todo eso en el trigo? Prácticamente no se controla”, afirma.
El medio ambiente es, obviamente, otro de los grandes beneficiados con la producción orgánica. “Los agroquímicos matan una cantidad enorme de seres vivos, algunos se ven y otros son imperceptibles”, dice Sarmiento al respecto. Y señala que dejar de utilizarlos permite mantener vivos “los microorganismos del suelo que son los responsables de todos los ciclos de fertilidad”.

Una actividad ganadera diferente
Acerca de la presencia de esta práctica en nuestra región, Sarmiento explica: “Hay una gran producción orgánica en las huertas familiares urbanas, sobre todo para autoconsumo y después en toda la zona de sierras hay muchísima ganadería orgánica no certificada, sobre todo vacas de cría y algo de cabra y oveja”.
De hecho, el ingeniero agrónomo indica que más de la mitad de la producción orgánica en nuestro país proviene de la ganadería y en su mayoría de la Patagonia para luego exportarse a Europa.
Las características que debe mantener la actividad ganadera para ser considerada orgánica se vincula, según el profesional, con que las pasturas utilizadas para alimentar al animal no sean producidas con agroquímicos.
Legalmente, tambien se regula el tratamiento sanitario de los animales, ya que no se puede usar antibióticos. “Por supuesto que se ponen las vacunas obligatorias (aftosa, brucelosis, tuberculosis)”, aclara Sarmiento. Y añade que también deben respetarse aspectos que hacen al bienestar animal.
Incluso el ingeniero relata que a nivel mundial se está debatiendo incluir alguna cláusula que restringa el traslado de los alimentos orgánicos debido al consumo del petróleo que ello requiere. “Un campo orgánico que produzca un alimento que tenga que recorrer 10 mil kilómetros para ser consumido ecológicamente tampoco cierra pudiendo ser que el alimento se consuma en la proximidad de donde se produce”.

Cosechar cada día
Guillermo Build y Laura Menéndez llevan 12 años realizando agricultura orgánica en las afueras de la ciudad de Río Cuarto y han hecho de esta elección una forma de vida. Día a día cosechan casi todos los alimentos que ellos y sus dos hijos necesitan en sólo media hectárea sembrada junto a su casa. Incluso, la familia llega a comercializar parte de su producción.
Maíces, zapallos, porotos, calabazas, pepinos, zuchini, pimientos, ajíes, tomate, lechuga son sólo algunos de los tantos productos que la pareja obtiene de su huerta. “Tenemos todas las verduras de estaciones tanto de verano como de invierno”, dice Guillermo para sintetizar.
“En la agricultura convencional generalmente se trabaja con dos o tres tipos de plantas en extensiones inmensas. En cambio trabajando de forma orgánica en una pequeña parcela de media hectárea o una hectárea tenés más de 100 o 150 variedades de plantas”, dice el productor que hace años viene formándose teórica y prácticamente en esta temática. Y destaca la diversidad de animales e insectos que albergan los campos trabajados de esta forma.
“En un sistema agroecológico está todo integrado: el árbol, los cultivos, las flores, las abejas, los pájaros y muchas veces hasta las llamadas plagas forman parte del ecosistema”, agrega.
Las semillas son otro aspecto que diferencia a la agricultura orgánica: “Hoy la mayoría de las semillas son producidas por laboratorios, y es un kit que viene con los agroquímicos”, explica Guillermo e indica que actualmente se vuelve difícil obtener semillas originales de cada cultivo que no estén contaminadas.
“Muchas de las semillas las hemos ido recuperando en viajes a distintas comunidades campesinas, indígenas y otras a través de encuentros que se están haciendo de intercambio de semillas de pequeños productores que tienen las variedades criollas y originales de distintas plantas” cuenta el riocuartense.
De cualquier manera, afirma: “Estamos apuntando a la auto producción de semillas, porque en un campo o granja orgánica lo importante es producir todo dentro del mismo lugar y depender cada vez menos de lo exterior”.
Build asegura que otro de los beneficios de la producción orgánica es el modo en que se favorece al suelo. Al respecto, manifiesta que actualmente la tierra se abona con sustancias sintéticas que no llegan a ser asimilados por las plantas y pasan a contaminar la tierra, el agua y las napas.
En cambio, desde la agricultura orgánica el abono nace de los mismos alimentos y plantas producidas, ya que distintos insectos y microorganismos descomponen la materia orgánica que pasa a nutrir la tierra para las futuras siembras.
“Hoy tenemos muchísima materia orgánica que se tira sin un previo tratamiento como son los feed lots o los desagotes de los tambos. Eso se podría utilizar, con un debido compostaje, para abonar cientos y cientos de hectáreas”, indica el productor local.

La comida como mercancía
“Creo que el centro de la cuestión es que los alimentos han pasado a ser una mercancía” sostiene el ingeniero Claudio Sarmiento acerca de los riesgos a los que nos exponemos por ingerir comida que no está debidamente controlada. Al respecto ejemplifica que muchos productores del cinturón verde de la ciudad poseen sus productos diferenciados: por un lado aquellos destinados a la venta y por otro los que utilizan para consumo personal sin agroquímicos. “Se ha perdido la dimensión de que eso que se vende hay alguien que lo come. Y el que lo come por lo general busca el precio o la cuestión visual, que los alimentos sean grandes, lustrosos, bonitos, se perdió también la concepción de lo que es un alimento sano”, afirma el profesional.
Uno de los aspectos más preocupantes de esta situación según Sarmiento es que no hay certezas ni voluntad para investigar los alcances del problema.
La falta de interés en avanzar en este problema se relaciona con las dificultades que implicaría “por ejemplo, tocar el cinturón verde que hoy está abasteciendo una gran cantidad de verdura muy barata: que produzca de otra manera podría en una primera instancia encarecer eso y
¿quién se haría cargo del costo político de que eso sea más caro?”, dice el especialista.
Y concluye: “Lo ideal sería que se produzca sin agroquímicos. Ahora, para llevar ese ideal a una situación práctica hace falta muchísimo trabajo y otra visión del mundo no sólo de los gobiernos sino de cada uno de los habitantes, porque lo que se está buscando es plata fácil y rápida”.

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