17 ene 2022

Incendios en Córdoba, el debate de todos los años

 


La Voz del Interior (17/01/2022)
Incendios en Córdoba: en 2021 se quemaron 66 mil hectáreas y el acumulado de 20 años llega a 1,5 millones

Los fuegos del año pasado no fueron de los peores en superficie afectada. Pero sí en cuanto a muertes y a viviendas dañadas. El impacto ambiental acumulativo se agiganta.
El año 2021 no será el peor en superficie afectada por los incendios en Córdoba. En los últimos 20, hay seis años que lo superan. Entre ellos, el trágico 2020, que terminó con 341 mil hectáreas bajo fuego en esta provincia y fue el peor de los últimos 33 años. Había que remontarse a 1988 para hallar uno aún peor.
Desde el Plan Provincial de Manejo del Fuego se informó que, según sus mediciones sobre imágenes satelitales, fueron 65.740 las hectáreas afectadas en 2021. El 30% –se precisó– corresponde a rastrojos (restos de cultivos en zonas llanas) y el 70% a monte nativo, arbustales, pastizales y bosque implantado (en las Sierras, el norte y el norooeste provincial).
Claudio Vignetta, secretario de Gestión de Riesgo de la Provincia, señaló a La Voz que ese número se revisó varias veces y admitió que la estimación preliminar era superior (en torno de las 84 mil hectáreas). También las cifras que venía calculando la Conae (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) darían un número superior.
La medición oficial contempla todo el territorio provincial: las áreas de riesgo forestal (las sierras y el noroeste) más el llano de perfil agropecuario.
Para los cálculos se toman los incendios de cierta envergadura, por lo que si suman las decenas de focos diarios que se registran en los meses de mayor riesgo pero que se controlan antes de su expansión, la cifra real se elevaría. Para 2021, por caso, se tomaron 239 incendios de cierta relevancia.
El Servicio Nacional de Manejo del Fuego no explicitó hasta ahora sus números para 2021 de cada provincia.

Un bienio negro
Pero es evidente que 2021 fue un año duro en la Córdoba del fuego, que combinado con el año anterior muestran un bienio de saldo negro.
El 2021 tuvo casi cinco veces menos superficie quemada que 2020. Pero igualmente sumó mucho. Tanto que figura entre los peores siete de las dos últimas décadas, junto a 2020, 2013, 2010, 2009, 2003 y 2002.
Pero esa conclusión sólo es valedera si se mide solo en relación a la superficie afectada. Si el balance suma otros aspectos, 2021 ya figura entre los peores años que Córdoba recuerde en materia de incendios.
Por caso, jamás en Córdoba se quemó la cantidad de viviendas que el fuego hizo humo en 2021. Fueron más de 60, y en apenas un par de días, en dos muy agresivos focos declarados entre los valles de Paravaschasca y de Calamuchita. De las más de 60 quemadas, 47 fueron cabañas en un mismo barrio privado de montaña, el country Potrerillo, entre Potrero de Garay y San Clemente, construido en medio de una forestación de pinares que ardió. Solo dos viviendas zafaron allí.
Pero hay un saldo mucho más doloroso: 2021 es el año que más muertes dejó el fuego, junto a 2003. En los extensos focos del norte provincial, fallecieron dos hermanos, Didier y Namir Cáceres, de 27 y 21 años, que fueron alcanzados por las llamas, cerca de José de la Dormida, cuando circulaban en un Ford K desde Córdoba hacia Santiago del Estero: el fuego los encerró y no tuvieron escapatoria.
Días después, fue hallado sin vida dentro de un auto Miguel Armas, de 48 años, cuando también intentaba huir de un monte que ardía, cerca de Sebastián Elcano.
En las últimas décadas, sólo en 2003 se contaron tres muertes (un maestro rural en Bosque Alegre y dos peones rurales en Villa Ciudad de América). En 2005 hubo dos hermanos fallecidos mientras intentaban combatir un incendio de pinares en Calamuchita. En 2020 fueron dos también, de personas que pretendían colaborar en el combate de las llamas. Y en 2008 hubo otro caso.

Los peores del año
En 2021, los mayores incendios se generaron en octubre, en el norte provincial, con inicios en la zona de Caminiaga pero extendidos luego por tres departamentos, con múltiples focos simultáneos. En siete días infernales, terminaron afectando más de 50 mil hectáreas según el nuevo cómputo oficial. Por aquellos días, se calculaban más de 60 mil.
Sin ese megaincendio, 2021 habría pasado a figurar entre los años de menos afectación de la década.
Otros focos complejos fueron los de Potrero de Garay (2.900 hectáreas) e Intiyaco (1.500), ambos simultáneos, en agosto. Y hubo uno muy expandido sobre monte nativo en el departamento Pocho, en octubre (unas 4.000 hectáreas), entre cientos de focos más chicos pero que suman al total.



 

El impacto acumulativo
El impacto ambiental y económico del fuego supera largamente a lo que ocurre en un año.
Lo más complejo deviene por los efectos acumulativos: en 10 años, suman unas 690 mil hectáreas bajo fuego en Córdoba. En 20 años, la cifra supera las 1,5 millones de hectáreas, que representa casi el 10% de todo el mapa provincial.
El efecto acumulativo sobre bosques, suelos, biodiversidad, recursos hídricos y paisaje es enorme. Además, del daño económico a productores y habitantes de las tierras afectadas.
Un agravante de los incendios de 2020 y 2021 es que, en buena parte, ocurrieron sobre la zona serrana, donde el impacto ambiental es mayor por tratarse de las áreas con mayor vegetación remanente y en las que, al afectarse los suelos en pendiente, se pierde sustentabilidad hídrica en las áreas donde nacen ríos vitales para Córdoba.

Cada vez más agresivos
Las estadísticas suelen copiar una regla: hay mayores incendios cuando se dan años de mayor sequía. Los graves de 2003, 2009, 2013, 2020 y 2021, por sus características, son calificados por los bomberos como “explosivos”: con muy baja humedad, calor, viento y sequía, los fuegos se tornan imparables si no son “atajados” a poco de iniciarse. Los expertos las llaman “tormentas de fuego”.
Hay de todo entre las causas. Se suele repetir que más del 90% tiene origen humano: por negligencia o intención. En los últimos años se sumaron varios atribuidos también a caídas de cables de líneas eléctricas (que requieren un mayor control estatal para evitarlos) y a rayos (fenómeno natural inevitable).
El cambio climático en marcha impone nuevos desafios: en todo el mundo, los especialistas advierten sobre incendios más agresivos y más dificiles de controlar. En el mundo exponen que, en esas condiciones, la cuestión central es evitar que se inicien en vez de enfocar tanto en cómo combatirlos cuando ya están declarados.

Prometen mejorar la prevención con la Etac
El 2021 fue el año del estreno de los Equipos Técnicos de Acción ante Catástrofes (Etac), creado por el Gobierno de la Provincia.
Se trata de 350 agentes (a los se sumaron ahora 78 más) que cobran un suelo estatal para trabajar a diario en situaciones de incendios, inundaciones y otras emergencias. Se dividieron en cinco sedes regionales, con equipamiento y vehículos.
“En 2021 empezaron cuando ya la temporada de incendios había largado. Este año ya se concentrarán mucho más en la tarea para la que fueron creados., es decir la prevención”, señaló Claudio Vignetta, funcionario a cargo de esa nueva estructura.
“Su función es mejorar la prevención, durante todo el año. Ya están trabajando en los mapas de riesgo con cuarteles de bomberos y con municipios, recorriendo y revisando situaciones en cada zona. Y se siguen capacitando, apostamos mucho a su entrenamiento”, agregó.


Incendios forestales en Córdoba: el debate sobre las prioridades

La Provincia fija como criterio que vidas humanas y propiedades son el núcleo a proteger ante el avance de los fuegos. Desde varios sectores plantean que se suba al podio la defensa del ya reducido bosque nativo que le queda a Córdoba.
Cada año de graves incendios abre debates en Córdoba. Casi siempre suman, sobre todo si no se dan desde el mero consignismo ni desde las agrietadas posiciones sectoriales previas.
Desde hace años, por ejemplo, entre las cenizas de los fuegos se acentuó la discusión sobre la necesidad de mejorar las tareas de prevención, una estrategia casi ausente hasta ahora, porque parecía más puesto el foco en el ataque al fuego antes que a evitar sus inicios. Ahora, la creación de las Etac, como dependencia de la Provincia, aparece como una respuesta oficial ante ese déficit al fin asumido: sus resultados habrá que verlos desde este 2022.
El trágico 2020, con el peor registro de incendios en 33 años, vio asomar el debate sobre la participación ciudadana ante el avance del fuego, a la vista de vecinos que, a pesar de las recomendaciones oficiales, enfrentaban las llamas que los asediaban, y con el surgimiento de brigadas vecinales que empezaron a plantarse por afuera del sistema de bomberos.
Ahora, alguna tibia chance se vislumbra de poder analizar cómo aprovechar esas voluntades, mientras se integren a un sistema coordinado, con alguna capacitación para dar seguridad y entrenamiento. Esa voluntad de participación social no debiera ser rechazada, sino capitalizada.

En discusión
En 2021, otro debate quedó más expuesto y merece ser visualizado. El Plan Provincial de Manejo del Fuego sostiene como criterio oficial su prioridad de proteger “primero” la vida y los bienes de los cordobeses. Es la posición que bajan las autoridades provinciales ante cada siniestro grave.
Desde otros sectores, crece la impresión de que esa posición deja afuera de las prioridades a la protección del bosque nativo y de la biodiversidad ambiental.
Para unos, se deja quemar el monte (un capital esencial y ya muy escaso en Córdoba) sin estrategias de acción. Para otros, en ciertas condiciones climáticas el control de esos fuegos sobre forestaciones se torna imposible y el riesgo es que se haga humo todo: montes, viviendas y vidas.
Hay un hueco para debatirlo. Repensar el paradigma dominante, muy basado en los criterios de seguridad (ligados a la tradición policial y bomberil), que hace foco en las vidas humanas primero (punto fuera de discusión), en viviendas e instalaciones luego, pero que deja más lejos el entorno ambiental. Otro modelo plantea una visión más ecosistémica, que sin relegar las prioridades de vidas y bienes, sume al podio también al paisaje y al ambiente.
La paradoja es que para muchos habitantes rurales, el bosque es también su casa, su hábitat. Viven en él y de él.
Debiera quedar algún lugar para intentar estrategias que atiendan ambos flancos. Al menos, debatirlas. No debieran ser contradictorias. Al menos, no en todos los casos.
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