24 oct. 2007

¿Qué hacemos con la basura?

Diario Democracia de Villa Dolores (24/10/2007)
¿Qué hacemos con la basura?

Hace unos seis meses el Ayuntamiento-municipalidad- de Barcelona nos envió a todos los habitantes de esta ciudad tres bolsas de hule.
Las bolsas de color azul, amarillo y verde tienen en la parte superior izquierda una franja de velcro que les permite quedar adheridas a las otras dos.
El uso es muy simple: En la bolsa azul ponemos los papeles y los envases de cartón, por ejemplo la cajita en la que viene el dentífrico, en la amarilla los plásticos y los metales, por ejemplo las latas de atún y de tomate y por último en la bolsa verde va todo lo que es de vidrio.
A pesar de mi escepticismo inicial cada día me sorprendo al ver todo lo que generamos en una familia chica (sólo tres personas) y la facilidad con que hemos asumido la tarea de llevar las tres bolsas hasta donde están los contenedores especiales para el reciclado. Es una iniciativa que ha sido totalmente exitosa.
La propuesta de la institución correspondiente ha encontrado en la población el socio necesario para que reciclar sea más fácil. Una muestra más que la gente cuando se le explican las cosas y pueden ver su conveniencia no tienen ningún problema en colaborar. A pesar de esta pequeña muestra de civismo la basura sigue siendo un problema de difícil solución en las ciudades. Si tomamos como ejemplo la ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana-de donde soy originario- es muy fácil ver que la administración no ha aportado hasta ahora una solución que convenza a todos.
Los supuestos rellenos ecológicos han demostrado ser más nocivos que otra cosa y los vertederos y quemaderos a cielo abierto sólo con su existencia hablan del foco de infecciones y polución que causan. Además en Buenos Aires están “los cartoneros”.
Irónicamente, pese al rechazo que causan entre los vecinos “porqué ensucian”, son los únicos que reciclan.
Y si bien son los que menos acceso tienen al dinero que genera la basura-y que es mucho-la recolección paralela les permitió sobrevivir cuando el país, sacudido por el corralito, estaba al borde de la desaparición. En Buenos Aires cada habitante de la ciudad produce una media de un 1.5 de basura diaria -unas 4.500 toneladas diarias- pero como no se separa y se recicla poco o nada, la mayor parte termina infrautilizada y sólo nos queda el rastro que los cartoneros dejan a su paso-sólo recogen un 10 % de la cantidad total.
Hace pocas semanas los habitantes de Ensenada y Gonzalez Catán en el Gran Buenos Aires impidieron que los camiones del CEAMSE-sistema heredado de la dictadura de los años 70-volcara el contenido para convertirlo en “relleno sanitario”.
Cuando camino por las calles de Barcelona y veo la limpieza de las veredas y las calles no puedo dejar de compararla con mi ciudad.
Sin embargo no fue siempre así. Hace 30 años cuando llegué, Barcelona era una ciudad sucia donde no había papeleras y la gente entendía que el espacio público, al ser de todos no era de nadie por lo cual ensuciar estaba legitimado. Distintas campañas de concientización y educación cívica han dando su fruto; hoy es casi imposible pensar que un barcelonés no usará las papeleras o contenedores para tirar la basura. Los desperdicios se reciclan. Se ahorra dinero y todos gozamos de una ciudad por donde da placer caminar. En nuestro país el tema de la basura y la limpieza urbana sigue siendo un desafío. Es importante asumir que es una cuestión de todos: Autoridades y ciudadanos, de ciudades grandes y también de municipios más pequeños. Simplemente no hay que confundir “ su ciudad con suciedad”.

Aníbal Coronel
Licenciado en Traducción e Interpretación

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