8 ago 2010

Yo amo a mi basura

La Voz del Interior (08/08/2010)
Yo amo a mi basura

Detrás de todo basural, hay un gran pueblo. En esa mezcla estamos todos: funcionarios ansiosos, opositores ambiciosos y vecinos poco dispuestos a echar a la basura su propia naturaleza. Edgardo Litvinoff.
Ya está. Ya pasó. Tranquilos. Basta de hacer leña del árbol caído; que, en definitiva, es más basura.
La adjudicación a Innviron para tratar los residuos sólidos de la ciudad de Córdoba se cayó, fue un fiasco. No pudo ser. La cosa no iba. Digamos que hubo una "confusión", para no entrar en detalles exasperantes.
Sin embargo, más allá de las torpezas políticas o de los contratos ambiguos, hay una realidad inocultable: amamos la basura. Nos encanta revolcarnos en ella. Queremos más.
Ya ni siquiera se trata de los que dejan papeles en la calle, de los que taponan desagües, de los que podan y arrojan todo a un baldío, de los carritos que nutren los basurales barriales, de los escombros de las obras, de las colillas de cigarrillos apagadas en el piso, de las tiritas de plástico que abren las etiquetas de cigarrillos, del plástico que recubre la etiqueta de cigarrillo, de los boletos de ómnibus abandonados al bajar del colectivo, de los envoltorios de caramelos y chicles y chupetines, o de los lobotomizados conductores que suponen que el mundo exterior a su vehículo -menos su vehículo- es un vertedero controlado, al que se puede arrojar de todo abriendo un poco la ventanilla.
Admitámoslo: nos encanta vivir tapados de mugre, porque la suciedad es natural. La limpieza, no. Los que se higienizan con regularidad siempre están al borde de caer en la obsesión.
Amamos coleccionar inutilidades que después tiramos: diarios, revistas, casettes, discos compactos, DVD, juguetes rotos, tarros de pintura por la mitad. Nuestros perros defecan siempre en jardines ajenos.
Nos gusta la TV basura, la comida basura y los contratos basura.
En realidad, el castigo divino no fue por comer la manzana, sino por tirar el cabito al piso -y eso que era un residuo orgánico. Desde entonces, estamos condenados a soportar nuestros propios desechos y detritos para recordar lo humanos que somos y lo lejos que estamos de la higiénica, blanca y brillante divinidad.
Las ciudades del mundo que consiguen controlar este fenómeno lo hacen, justamente, porque lograron vencer a sus instintos con toneladas de racional civilidad. Al menos por ahora, no hay muchos signos de que eso vaya a suceder por acá.
Los concejales y los funcionarios se juntarán, discutirán y quizá acuerden un nuevo sistema para tratar los residuos de la ciudad. Pero es difícil que todo cambie como por arte de magia.
Detrás de todo basural, hay un gran pueblo. En esa mezcla estamos todos: funcionarios ansiosos, opositores ambiciosos y vecinos poco dispuestos a echar a la basura su propia naturaleza.

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"Basura cero" para la ciudad de Córdoba

Adherimos al esquema “basura cero” que impulsan las principales organizaciones ambientalistas y consideramos que los sistemas de incineración son contaminantes. Carlos Vicente .
El desafío que tenemos los cordobeses en esta etapa es garantizar un estándar mínimo para el tratamiento y disposición final de los residuos sólidos urbanos. Este punto de arranque debe ser fruto de acuerdos básicos entre la mayor cantidad de actores posibles, para que todos podamos llevar adelante esa política en el tiempo, sin "bandazos" como los que hemos vivido en este último año.
En síntesis, debemos retomar el camino iniciado en 2008, cuando definimos un sistema de higiene urbana y creamos una empresa estatal-Córdoba Recicla Sociedad del Estado (Crese)- para prestar el servicio de recolección de residuos y limpieza de la ciudad.
Tenemos varias ventajas. La primera es que contamos con una empresa pública como Crese, por lo que estamos convencidos de que el Estado debe ser protagonista central en la prestación de servicios públicos esenciales como éste, porque se trata de garantizar un derecho de los habitantes de la ciudad a vivir en un hábitat saludable y en un contexto medioambiental sustentable.
Crese, herramienta clave. La generación, el tratamiento y la disposición de residuos son un tema central de las grandes ciudades. Un manejo incorrecto de los residuos puede dañar el medio ambiente. La empresa Crese ha demostrado que es capaz de prestar un servicio eficiente y es, además, una herramienta central para impulsar una política de "basura cero".
¿Por qué? Crese no tiene fines de lucro, no está impulsada por el afán de obtener el mayor beneficio posible de la concesión de un servicio público. Su objetivo debe ser, entonces, llevar adelante una política de "basura cero".
Los cordobeses ya no tenemos que pelear contra un prestador privado que trata de imponer su interés particular por sobre el del conjunto. La salida de Cliba y la creación de Crese terminaron con esa discusión.
La segunda cuestión es que los cordobeses, al aprobar el pliego de licitación de este servicio en 2008, discutimos masivamente un modelo de intervención sobre este tema -audiencias públicas, una comisión especial en el Concejo Deliberante y reuniones con decenas de organizaciones sociales- y pudimos consensuar líneas clave para hacerlo. Por ello, creo que ése es el punto de arranque.
Nosotros adherimos al esquema "basura cero" que impulsan las principales organizaciones ambientalistas y consideramos que los sistemas de incineración son contaminantes. Por lo tanto, decimos con toda claridad que no debe licitarse otra vez para concesionar un sistema de incineración de residuos.
Mayores costos. Las políticas que contemplan ese sistema tienen mayor costo para la sociedad, tanto en términos económicos como ambientales, y son la respuesta de las compañías privadas de ingeniería ambiental para sostener sus niveles de renta ante el desarrollo de sistemas más eficientes y participativos, como el de "basura cero", para hacer frente al dilema sobre qué hacer con los residuos que generamos.
No es caprichoso lo que digo: el 90 por ciento de los residuos es reutilizable o puede ser tratado sin enterrar.
El plan incluye:

a) Reducir la generación de residuos por habitante.
b) Clasificar (separar entre orgánicos e inorgánicos) los residuos en los hogares.
c) Promover que las empresas reutilicen los materiales como vidrios y plásticos, entre otros, premiando a quienes lo hacen.
d) Conformar "puntos verdes" para que los eco-recolectores organizados conviertan la reutilización de residuos inorgánicos en una actividad económica formal.
e) Producir fertilizantes a partir de materia orgánica.
f) Enterrar el remanente de residuos que no pudieron ser aprovechados.
g) Generar biogás. Este sistema aporta a la lucha contra el calentamiento global, es más barato en términos económicos y es sustentable en el tiempo.

El conjunto de este sistema debe tener compromisos concretos y medibles a alcanzar. Esos resultados y la propia operación deben ser monitoreados de manera constante por organismos públicos especializados en la materia y por las universidades nacionales. Y también por los vecinos, para lo cual propongo crear un Consejo de Control Social del Servicio de Higiene Urbana de la ciudad de Córdoba, integrado por representantes de los centros vecinales, las ONG que tratan temáticas ambientales y de derechos, y las centrales empresariales.
Este plan no es nuevo; implica sólo recuperar el esquema que diseñamos en 2008.
Debe ser instrumentado por la empresa Crese con el apoyo del Estado municipal y el compromiso de todos los cordobeses.
Estamos convencidos de que ésta es una verdadera política pública, capaz de garantizar el derecho que tienen los habitantes del municipio a vivir en una ciudad ambientalmente sustentable.

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El problema ya no es la basura

El inconveniente ya no es qué hacer con la basura. El desafío del momento es lograr que el intendente no siga rifando la autoridad que le queda y termine su mandato. Sergio Suppo .
Había una vez un intendente que fue a ver lo que no existía y volvió diciendo que sí, que sí existía, pero dos días después se arrepintió de lo dicho y dijo que no, que no existía.
"Yo no puedo quedar como un débil", dicen que dijo Daniel Giacomino el lunes, cuando regreso luego de su viaje de media semana por el sur de los Estados Unidos.
Fue su último argumento.
Alguien le diría enseguida: "El paso que viene es que te hagan un juicio político".
El proyecto de entregar a Innviron el tratamiento final de la basura se convirtió entonces en la derrota más innecesaria que puede sufrir un hombre público: Giacomino perdió contra sí mismo.
Innviron no es lo que dijo ser ni lo que los propagandistas alquilados pretendieron que fuera.
¿A qué viajó entonces el intendente a los Estados Unidos? ¿Por qué cuando bajó del avión dijo que estaba tan conforme de haber visto lo que en realidad no le habían podido mostrar, simplemente porque no existía?
En la gira más patética que se recuerde, lo llevaron a ver una planta que quemaba alfombras y otra que procesaba tierra empetrolada. La primera fue montada y es operada por empresas que no tienen que ver con Innviron; la segunda trabaja con materiales que en nada se parecen a los residuos que generan los cordobeses.
¿Qué oscuras órdenes llevaron al soldado del ejército kirchnerista a tamaño papelón? Giacomino es torpe o cree que los cordobeses somos tontos. Ambas cosas son graves.
Todo está peor desde que el intendente se metió en este embrollo.
Luis Juez dejó un problema importante que Giacomino colaboró en acrecentar. A precios cada vez más caros, el ahora senador nacional renegoció el contrato vencido con el grupo Roggio y dejó sin consumar la intención de convocar a una licitación. Mientras se rompía la amistad entre Giacomino y Juez, el actual intendente municipalizó los servicios y creó Córdoba Recicla Sociedad del Estado (Crese) bajo el control virtual del secretario general de la CGT, Hugo Moyano, y el impulso político y financiero de la Casa Rosada.
Faltaban consumar los últimos errores. Sin contar con otro lugar para depositar los residuos, la ciudad se quedó sin el enterramiento de Bouwer, presión mediante de los habitantes de ese pueblo.
El lugar actual en donde guardan los residuos es transitorio. Poco hay más difícil que instalar un nuevo lugar; será resistido por los vecinos ahí donde se lo intente.
Embarcado y desembarcado de Innviron, Giacomino busca ahora apoyo político en el Concejo Deliberante. La primera respuesta no da margen para el optimismo: le contestaron que quieren interpelarlo.
En las próximas semanas, el intendente casi seguramente tendrá otra pérdida. El socialista Eduardo García está más afuera que adentro de la presidencia de Crese luego de plantear su rechazo al intento de habilitar a Innviron. "No soy el responsable de este desastre; soy el responsable de haber evitado algo peor", rezonga García ante sus amigos.
Giacomino no encontrará cheques en blanco en el Concejo Deliberante ni en los candidatos a sucederlo el año próximo.
Ramón Mestre, el más aventajado de esos postulantes, no aceptará que el intendente aplique más que parches al problema de la basura.
"En nuestros planes está dar una solución seria al tema y ofrecer por muchos millones el negocio del enterramiento, de la gasificación o lo que sea", alertan cerca del senador nacional.
Los juecistas no son más amables con su ex amigo. El propio Juez se encargó de dinamitar cualquier intento de colaborar con Giacomino.
El problema ya no es qué hacer con la basura. El desafío del momento es lograr que el intendente no siga rifando la autoridad que le queda y termine su mandato.
Es una necesidad y es una obligación hasta de quienes lo atacan sin piedad.
Apuro y silencio. Néstor Kirchner quiere que José Manuel de la Sota salga de la cueva y diga de una vez por todas si lo quiere mucho, poquito o nada.
Un juego de presiones y tentaciones está en crecimiento en torno del ilustre vecino adoptivo de Río Cuarto. Refugiado en el silencio, el ex gobernador guarda su respuesta hasta que llegue la hora de poder manejar sus tiempos.
A este instante, en el que el santacruceño eligió apurar el paso, De la Sota y los pingüinos llegaron por un camino de necesidades mutuas y recelos disimulados. Kirchner nunca guardó la menor simpatía por el cordobés ("menemista tardío", lo llamaron sus hombres) y De la Sota jamás se sintió menos que el esposo de la Presidenta, de quien que detesta sus ínfulas progresistas.
Hace poco más de un año, Julio De Vido mediante, Kirchner y De la Sota se reconciliaron sin nunca exhibir el reencuentro.
El ex presidente venía de sufrir una dura derrota electoral en Buenos Aires; su lista en Córdoba había recaudado menos del 10 por ciento de los votos. De la Sota ofició de abogado del gobierno de Juan Schiaretti, cuya apuesta de enfrentar al kirchnerismo resultó ser el peor resultado del peronismo en Córdoba (tercero, detrás de juecistas y radicales) y por cuyo precio la administración provincial pago con un ahogo financiero.
Schiaretti haría su parte, al recomponer relaciones con Cristina y Néstor hasta llegar al acuerdo de desendeudamiento de las provincias, lo que para la Casa de las Tejas implica una garantía de que, sin depender del humor kirchnerista, habrá fondos para hacer obras que levanten las chances electorales del peronismo.
De aquella reconciliación quedaba pendiente el acuerdo por la deuda que la Nación mantiene con la Caja de Jubilaciones de la Provincia. Todavía no se anunció que los Kirchner ya aceptaron reconocer 721 millones de pesos de los 1.220 millones que reclamaba la Provincia. 721, si quiere juéguele.
Nada es gratis, y menos cuando se trata con Kirchner.
El pacto de la K con De la Sota y Schiaretti incluye, como mínimo, que el peronismo de Córdoba no se corra en masa hacia la vertiente disidente del PJ.
Kirchner quiere más; no le alcanza con la neutralidad del tándem Schiaretti-De la Sota. Es lo que explica que le haya dado cuerda y puesto a andar al villamariense Eduardo Accastello por toda la provincia, con el mensaje de que ya no esperarán a De la Sota y construirán una opción propia.
Bien ubicado en todos los sondeos, De la Sota y su silencio no callan que para que pueda volver a ser gobernador deberá tener a todo el peronismo unido. Una fuga del kirchnerismo como la del año pasado lo dejaría sin chances contra Juez y Oscar Aguad.
También hay presiones que parecen caricias.
¿Dijo De Vido que Kirchner piensa en De la Sota como su candidato a vicepresidente? "Es una posibilidad", respondió un kirchnerista cordobés. "Esa reunión no existió", se atajó un sindicalista cuando lo consultaron sobre una reunión en las afueras de Buenos Aires, en casa de Hugo Moyano, durante la cual el ministro de Planificación Federal de la Nación habría planteado esa alternativa.
La variante incluiría borrar la intención del peronismo cordobés de adelantar las elecciones, para despegarlas de los comicios presidenciales que tanto desvelan a Kirchner.
Muchas cosas pasarán y otras tantas se dirán hasta que De la Sota hable por su propia boca y diga qué, cómo, dónde y con quién quiere hacer lo que pretende.

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