3 jun. 2018

Los olvidados de Villa El Libertador




La Voz del Interior (03/06/2018)
Los exiliados de Villa El Libertador

Los ríos de aguas servidas, el olor nauseabundo y las grietas en las paredes de las casas son denominadores comunes de prácticamente todas las manzanas de Villa El Libertador.
Lo que en otros barrios podría ser una distinción o una excepcionalidad allí es regla.
Nadie podría indicar su domicilio destacando que está en la cuadra con la casa del techo derrumbado o el canal de líquidos residuales. Tampoco sería característico decir que es vecino de la edificación agrietada, la del porche hundido o la de los escombros en el patio delantero.
Desde hace años, la subida de las napas freáticas provoca daños en las estructuras de las casas del barrio y desalojos obligatorios de familias que escaparon de los derrumbes, aunque estas miran con nostalgia su viejo hogar, al que algunos llegaron por herencia y otros, tras años de esfuerzo.
“Hace 19 años pudimos comprarla con mi marido. Fue muy duro emocionalmente abandonar un proyecto de vida que teníamos, no sólo para nosotros, sino también para nuestros hijos; pero uno va priorizando y, con tal de que su familia esté bien, acepta perder todo”.
En su nuevo hogar de Congreso al 5300, Patricia Oliva aclara: “Ahora puedo hablar de esto, pero hace unos meses lloraba si lo contaba; fue un agotamiento y un estrés permanentes”.
Hoy puede contarlo, pero sus ojos aún se humedecen al recordar su hogar de Tilcara al 1400, donde durante casi dos décadas vivió con su esposo, Sergio Flores, sus tres hijos y su nieta. Siguen yendo periódicamente, pero sólo por miedo a usurpaciones, para controlar que no hayan intentado ingresar y que no se roben las cosas que no pudieron mudar.
En septiembre de 2017, empezaron a ver cómo las paredes se marcaban con las lluvias y el baño necesitaba ser reparado tras caerse el techo. Hasta que rápidamente se empezó a agrietar todo, a hundirse y ceder su estructura.
Dos meses después, con la etiqueta de “inhabitable” en su registro, desde la Provincia les dijeron que corrían peligro y brindaron el alquiler para que la familia pudiera emigrar.
“Cuando sucede algo, el vecino llama al 108, de Defensa Civil. Ellos hacen arribo al lugar y nos avisan a nosotros si notaron algún riesgo para que vayamos junto con una trabajadora social. Yo hago una inspección ocular técnica y, si se encuentra una situación de riesgo de derrumbe, se invita a los vecinos al ministerio a iniciar el trámite de la ayuda económica para el alquiler”, detalló el arquitecto Rodrigo Antona, del Ministerio de Desarrollo Social.
Por razones particulares, algunos vecinos no aceptan el traslado, por lo que desde el órgano hacen un informe de daños que se eleva al juez –ya que la emergencia barrial tiene un amparo– para que él decida si se tienen que ir.
“Uno se consuela pensando que estamos todos bien, vivos, pero es muy duro abandonar tu hogar, perderlo. Por suerte, hay gente que nos brinda toda su ayuda, que nos da su teléfono para que la llamemos a cualquier hora, que viene a nuestra casa cuando lo necesitamos. Y, como nosotros, hay muchísimas personas más; algunas fueron mudadas, pero son un montón más”, concluyó Patricia.
“Con tantos años trabajando en el ministerio, uno va formando un perfil, hace que te pongas en el lugar del otro y que tengas que cumplir otros roles más que, en mi caso, el de arquitecto”, dice Antona para explicar el vínculo que finalmente terminan teniendo con los vecinos de Villa El Libertador.
Como ellos, otras dos familias abandonaron sus casas con la colaboración del ministerio, y otras dos están en proceso, aunque el número de exiliados es mayor y en crecimiento.
Según el último informe recibido por el CPC de Villa El Libertador, son 233 las casas en riesgo y allí contabilizan 10 familias que abandonaron sus hogares, aunque muchos no se quieren ir; si no, el número sería sustancialmente mayor. Para el grupo de vecinos amparistas, 20 familias huyeron.
Entre ellas, hay grupos que pudieron reubicarse completamente y otros que quedaron desmembrados, con padres e hijos separados viviendo en hogares de distintos familiares.
“Al principio, mi mujer y yo estuvimos en una casa, mis hijos en otra y mis hijas en otra, y hace un tiempo logramos que nos dieran para el alquiler y pudimos volver a estar todos juntos”, indicó Luis Rocha, uno de los vecinos amparistas que activamente trabajan para lograr cambios en el barrio.
“Lo que pasa en Villa El Libertador duele. Lo que a cada familia nos costó levantar con cada ladrillo hoy se nos está yendo, se nos hunde”, agregó.
Al igual que todos los que dejaron su casa, teme que algún día su hogar sea usurpado, por lo que, en algunas jornadas, Luis duerme bajo el techo de la edificación que tiene peligro de derrumbe. En otra de las viviendas, la de Norma Rodríguez y Néstor Pereyra, su perro es quien custodia, y a quien van a alimentar todos los días.

Ellos fueron trasladados a una casa “en la villa”.
“Ahora estamos viviendo a más de 15 cuadras. Son más gastos porque uno tiene dos casas en realidad; el alquiler me lo pagan, pero yo pago impuestos de las dos. Todos los días vuelvo para darle de comer al perro, que lo dejo por seguridad. Abro la casa, doy una vuelta, veo que la chapa que está tapando el techo –que se cayó– no la hayan corrido para entrar a robar o a usurpar. Tenemos que ir continuamente, de lo contrario, no sabemos con qué nos vamos a encontrar”, explicó Néstor a este diario.
Matilde Oviedo vive en Molinari al 5400, donde en menos de 100 metros se encuentran dos de las casas con la descripción de “ruina casi total”.
“En diciembre se empezó a rajar todo el techo del patio, se cayó, y ahora se está partiendo toda la casa y cayendo el techo. Este fin de semana se me cayó la mampostería de una pieza y el pasillo; entonces, estoy esperando que me digan si es una casa habitable o no. En la pieza ya no dejo que duerma nadie porque se rompió todo”, sostuvo Matilde.

Relevamiento
De las 400 casas afectadas por el amparo judicial, 233 son las más riesgosas, según el relevamiento de Defensa Civil. Desarrollo Social actuó sobre 71 de ellas y destacó que 20 son las de mayor peligrosidad, al tiempo que seis están en condición prácticamente de ruina total.
En estas últimas, aún quedan tres familias por desalojar.
“La casa es vieja y se han derrumbado varios excusados. Los techos están todos cortados, las paredes están agrietándose y se llovía muchísimo adentro, así que le hice un arreglo para que mejorara, pero es un peligro, todo roto, se llena de agua. Hace siete meses que estamos esperando para mudarnos con mi mujer y mis cuatro hijos”, apuntó Lucas Daniel Ontivero, uno de los que aún viven en una casa “inhabitable”.
Y otros, quienes habían tenido daños en su infraestructura por la subida de napas que se profundizaron durante el último temporal de 14 días, esperan que alguien les diga si bajo ese techo corren peligro, aunque la caída de las estructuras y el desnivel de los suelos son una respuesta contundente.

Un diagnóstico de zona muy dinámico
En los últimos días, ocurrieron nuevos hundimientos en la zona de emergencia de Villa El Libertador, área que incluye más de 30 manzanas en las que la subida de las napas provocó no sólo que el agua servida emergiera a la superficie y circulara por la calle, sino también que se verificaran daños en más de 200 casas que están consideradas en riesgo.

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Napas: el nivel variará por las obras de cloacas

La parte técnica ya tiene el visto bueno. Aún falta la firma a fin de dar el gran paso para la solución de la emergencia sanitaria que atraviesa el sector.
El ascenso de las aguas subterráneas que provocaron hundimientos, derrumbes y grietas en cientos de casas de Villa El Libertador tiene parte de su solución en una obra que es solicitada desde hace años, y que debería iniciarse próximamente, ya que entró en proceso de licitación: las cloacas.
En menos de un mes, arrancaría la obra del drenaje lineal –por 13 millones de pesos–, indispensable para a posteriori hacer la obra de cloacas.
El “dren” (dispositivo que se utilizará para esa acción) succionará lentamente el líquido para no ocasionar otros inconvenientes en el suelo, bajando las napas para regularizar o mejorar el funcionamiento de pozos negros hasta que se construya la red cloacal.
“La zona de conflicto son 30 manzanas, de las cuales el 30 por ciento se va a hacer con aportes del municipio y el 70 restante, con un crédito del Banco Mundial. Para el resto del barrio, que también se va a hacer, está el acuerdo con el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (Enohsa)”, informó Daniel Bardagi, director de Redes Sanitarias y Gas de la Municipalidad de Córdoba.
El pasado 24 de mayo se licitó la red colectora cloacal del sector “A”, por algo más de 24 millones de pesos, para el sector comprendido entre Carmelo Ibarra, Calamuchita, Bogotá y Villa María (unas 13 cuadras).
Frente al miedo de algunos vecinos que consideran que el drenaje previo a la obra de cloacas puede provocar derrumbes, desde Defensa Civil explicaron que “no genera un riesgo derivado, ya que se trabaja de una forma metódica y lenta para que no sea traumático el evacuado de fluidos”.
Sin embargo, el mayor temor de los habitantes de Villa El Libertador pasa por que no se otorguen los fondos que deberían llegar desde Nación para el resto del barrio, que se prometieron para 2019. Si bien este proyecto no está abocado a la zona crítica, es el más grande y prevería inconvenientes futuros.
La parte técnica ya tiene el visto bueno. Aún falta la firma a fin de dar el gran paso para la solución de la emergencia sanitaria que atraviesa el sector.

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