9 sept 2010

Aseguran que la gasificación es puro humo

La Voz del Interior (09/09/2010)
Aseguran que la gasificación de basura aún es puro humo



Especialistas europeo sindicaron que la tecnología que se quiso aplicar en Córdoba no funciona a gran escala. Sólo existen dos plantas en Japón que procesan una cantidad importante.
Diferentes especialistas sobre la gestión de residuos sólidos urbanos opinaron que la gasificación de residuos es una tecnología en desarrollo, y que aún no fue probada su efectividad en el procesamiento de residuos a gran escala. Ese sistema era el que proponía Innviron para las ciudades de Córdoba, Río Cuarto y Villa María; siendo en esta última el único lugar en el que persiste la iniciativa.
Las opiniones se vertieron en el marco del seminario Gestión de Residuos en Áreas Metropolitanas de Latinoamérica, que se desarrolló en Buenos Aires entre el 6 y el 8 de septiembre pasado. El seminario fue organizado por la Asociación para el estudio de los Residuos Sólidos (ARS), la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria (Aidis) y la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (Iswa).
Los daneses Bettina Kamuk y Jorgen Haukohl, miembros del Iswa y de la empresa Ramboll –que posee decenas de plantas de incineración en Dinamarca–, afirmaron que las tecnologías alternativas para tratamiento de residuos, como la gasificación directa y por arco de plasma, cuando fueron probadas a gran escala, fracasaron. “Fue una tecnología prometedora por muchos años”, sostuvo Kamuk. Además, indicaron que sólo hay dos plantas de mediana escala funcionando en el mundo: en las ciudades japonesas de Chiba y Mutsu. La primera trata 100 mil toneladas anuales de basura, y la otra 50 mil toneladas. Córdoba produce anualmente 547 mil toneladas.
Existía una tercera planta, ubicada en la ciudad de Karlsruhe, Alemania. Esa planta trataba 225 mil toneladas anuales, pero fue cerrada en 2004 por su propietaria. “Y en Japón no se va a promover más”, aseguró Kamuk.
Cabe recordar que la gasificación fue el proceso que propuso la firma estadounidense Innviron para procesar la basura que produce Córdoba. Innviron quería instalar una planta para generar 80 megavatios de energía, con una inversión de 200 millones de dólares. Además, quería construir otras tres plantas: en Bouwer, Río Cuarto y Villa María.
Luego de que el propio intendente de Córdoba, Daniel Giacomino, comprobara en Estados Unidos que Innviron no poseía plantas de gasificación operando en ningún lugar –como informó La Voz del Interior –, se canceló la adjudicación.
Días después, también se supo por otro informe de este diario que ni siquiera el gasificador que Giacomino y su secretario de Ambiente, Fernando Cámara, visitaron en una planta de gasificación de residuos de alfombras en Dolton fue construido por PRM Energy, pese a que el intendente y el funcionario así lo habían informado. Esa firma también iba a instalar el de la Capital.
El único proyecto que sigue en pie es el de Villa María, fogoneado por el intendente kirchnerista Eduardo Accastello.
En desarrollo. “La gasificación no está probada a gran escala”, explicó Sylvain Cortes, consultor de temas medioambientales de las empresas españolas Proactiva y FCC. “Junto con la pirólisis, son tecnologías probadas con otros productos, como el carbón, pero que se está intentando trasladar a los residuos”, agregó.
Sobre los costos de instalación, Cortes dijo que por los datos que manejan, son más altos que los de una planta de incineración. En París, Francia, se está construyendo una planta incineradora de residuos, con un costo de 800 millones de euros. Sobre el caso de Innviron en Córdoba, Cortes opinó que la instalación de una planta de gasificación que cueste 200 millones de dólares para tratar 1.500 toneladas diarias “es un engaño”. “Lo puede ofrecer, pero tiene que encontrar financiación, y no van a financiar un proyecto que no funciona, que no lo ha visto”, remarcó.

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¿Dejaremos de ser tan sucios?

En estos días, el viento es el mejor alcahuete de nuestro hábito: no bien empieza a soplar, los frentes de las casas y el césped sin cortar se llenan de bolsas plásticas, volantes y cáscaras de naranja. Edgardo Litvinoff.
No es ninguna novedad que los cordobeses somos sucios. Quizá en otras partes también. Pero el hecho es que los cordobeses lo somos.
En estos días, el viento es el mejor alcahuete de nuestro hábito: no bien empieza a soplar, los frentes de las casas y el césped sin cortar se llenan de pedazos de bolsas plásticas, volantes de deliveries de pizza, telgopor rebelde y cáscaras de naranja caídas de las bolsas de basura mal cerradas.
Tal vez haya algún descuido de los muchachos de Crese –la empresa local de recolección de residuos–, pero, a no dudarlo: la mayor parte de la culpa es nuestra.
Esto no significa que no hayamos perdido una buena oportunidad luego del “caso Innviron”, que minó la confianza de muchos acerca de las verdaderas intenciones del municipio. De haberse tratado el tema de otra manera, y de no haberse caído la preadjudicación de un día para el otro, tras meses de tozudez, quizá a esta altura la historia sería otra, con un envión distinto.
De todas maneras, la compañía estadounidense que pretendía generar energía de la basura ya es historia y acaso el fracaso de ese proyecto haya servido para que, ahora sí, todos los sectores se sienten a debatir juntos qué ciudad quieren para el futuro. De seguro, la discusión girará en torno de si la gasificación sí o no, si el enfardado es ambientalmente sostenible o si el biogás es una opción.
Pero si el debate se queda en eso, es difícil que cambiemos conductas. ¿Qué se hará para que la gente aprenda a no tirarle basura a su vecino? ¿Cuál es el plan educativo para insertar en las escuelas?
En este tema, no hay soluciones mágicas, y no por nada la mayoría de las ciudades del mundo no pueden resolverlo.
Tampoco hay que ser tan pesimista: respecto de la pionera sanción de la ordenanza que prohíbe fumar en lugares públicos, los cordobeses respondieron y demostraron que pueden alcanzar un grado aceptable de civilización.
Quizá nuestros hijos lo aprendan mejor que nosotros –de hecho, lo están haciendo– y nos sorprendan dentro de 15 ó 20 años con una ciudad por la que se pueda caminar aunque haya viento, sin riesgo a que la colilla de un pucho arrojada desde un auto nos impacte en la cara.

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