9 oct 2012

Bajo Grande contamina sus empleados

Día a Día (09/10/2012)
Bajo Grande, empleados en riesgo

 
El 50% de los que se jubilan, fallece al año. La otra mitad se retira antes. No llegan a 65 años.
Hay tanto olor nauseabundo, que lleva un rato largo acostumbrarse a caminar por la planta depuradora de líquidos cloacales de Bajo Grande. Sólo en unos minutos, la garganta comienza arder, los ojos se ponen vidriosos y los estornudos son una constante en el lugar a donde llegan todos los excrementos de Córdoba. ¿Cómo imaginar toda una vida trabajando con esos fuertes gases? Cuatro de los 60 empleados municipales que están en el lugar le cuentan a Día a Día las consecuencias que sufren en la salud. Según un registro de los propios trabajadores, el 50 por ciento de ellos muere al año de jubilarse.
Ese relevamiento de los agentes da cuenta de esa situación, con nombres y apellidos (se decidió no publicarlos para preservar sus identidades), edades, tiempo de trabajo y patologías. Hoy, del total de empleados, el 33 por ciento tuvo recientemente una enfermedad.
Desde 1984, Bajo Grande funciona como la principal planta depuradora de las cloacas cordobesas. Hay empleados que trabajan desde entonces, pero ninguno llegó a jubilarse a los 65 años, como marca la ley. “Se mueren como moscas después de jubilarse, al año”, dice uno de los municipales que nos recibió. La charla se da con cuatro empleados del turno tarde, el viernes pasado. Hay muchísimo olor, porque la humedad hace que los efluentes emanen como gases irrespirables. De acuerdo con datos que recolectó Julio Ariza, uno de los delegados de Bajo Grande, “el 50 por ciento se jubila antes de tiempo, y el otro 50 fallece al año de dejar de trabajar”.
El gremialista tiene en sus manos una lista en la que se leen los nombres de los empleados que están con carpeta o han presentado patologías: el 33 por ciento tiene certificados por dolencias cardíacas, afecciones respiratorios, alergias, diabetes, hepatitis e inconvenientes gastrointestinales.
Durante la visita, la muerte sobrevuela: es que varios de sus compañeros terminaron afectados y muy pocos pueden llevar una vida sana al jubilarse. Julio cuenta que consiguieron un informe del Ministerio de Trabajo que lo definió como una tarea “insalubre”. Ahora esperan que la Caja de Jubilaciones y la Municipalidad acuerden un régimen de 6 horas laborales y el retiro a los 55 años. “El 50 por ciento fallece en actividad. Ahora, con el correr de los años, pensamos lo que hemos perdido: la salud. Antes, uno pensaba en la casa, los chicos, el auto. Y hay gente que no duró ni días. Si hasta los gatos viven 15 días y se mueren por los gases; los perros duran un poco más”, cuenta Ariza.

“Pocos cuerpos resisten”, dice Aldo Oviedo
10 años en Bajo Grande. Tiene días de trabajo “insoportables”.
“Hay días en que el olor es tan fuerte en la planta que es insoportable y estamos acá. Aguanta más el que tiene mejor el organismo”, dice Aldo Oviedo, que lleva casi 10 años en el lugar.
“Yo soy de los que me acostumbré fácil, pero he visto gente que no duró ni un día. No es fácil por el olor. Nos afecta todo el cuerpo, vivimos cansadas, la carraspera en la garganta es una constante”, agrega Aldo. Y es así: su compañero Nolberto, a unos metros, tose casi permanentemente. La mayoría toma a diario antialérgicos y protectores gástricos.
“Algunos resisten menos que otros compañeros, no sé. Yo me la vengo bancando. Todo queda en el cuerpo, uno llega a casa y ya antes tiene que sacarse todo”, dice Aldo.

“Espero durar para ver a mis nietos”, dice Nolberto Villegas
Empleado desde 1984. Tiene alergias y manchas en la piel.
Nolberto es uno de los más jóvenes en edad, pero está entre los empleados con más antigüedad. Es uno de los que vio cuando en 1984 surgía Bajo Grande como planta cloacal. Lleva más de la mitad de su vida “inhalando cloacas”, las que le cambiaron su salud por completo.
“Yo siempre fui sano, nunca fui una persona alérgica y entré acá y empecé con las manchas en la piel. Soy alérgico porque siempre se está en contacto con los gases. También me operaron”, cuenta Nolberto, que tiene un hijo, y no se le cruzaría jamás por la cabeza que trabaje en Bajo Grande. “En estos años tuve que sacar carpeta, como casi todos. Espero el día de la jubilación por mis nietos”, dice, y su voz se entrecorta. Tiene una tos que raspa en la garganta, al igual que sus pares.
“Tengo casi 55 años, me estoy degradando día a día y no sé cuánto voy a durar”, insiste. Es que Nolberto fue perdiendo a sus compañeros, vio cómo en la planta llegó gente y duró días, otros con cáncer y a muchachos que las alergias los alejaron del laburo. Tiene arriba el dolor de los que fallecieron. Mientras habla, Julio, el delegado, tiene la lista en la mano de los que no están y de los que siguen con patologías. “Esto es trabajo. No le robamos a nadie. Pero hay días en que el dolor se siente en los huesos, nos cambió el metabolismo. Quiero irme, quiero mi jubilación para ver a mis nietos”, dice.

“Quiero llegar vivo”, dice Alfredo Moroni
Tiene 60 años, 29 en Bajo Grande. Tres tumores, cinco infartos.
“Pido por favor que me jubilen”, exclama Alfredo. Le falta para llegar a los 65 años, como marca la ley, pero ya inició los trámites. Su cuerpo no quiere más achaques por los gases que lleva inhalando en casi tres décadas. Como a casi todos, le preocupan los datos de sus compañeros: un 50 por ciento se muere al año de jubilado. Así que le da batalla porque tiene garra para rato para aprovechar a su familia. Tuvo tres tumores y cinco infartos del corazón. Asegura que los médicos relacionan lo que le pasó “con la mugre en la que trabajan”.
“Tener hongos, gastritis, alergias es de todos los días. Yo he tenido un tumor en la nariz y dos en el pecho, que me sacaron. No puedo venir si no tomo un antialérgico”, cuenta. Y como si fuera poco, “manchas en la piel, dolores de cabeza frecuentes y cinco infartos”.
“A los 60 años llegan muy pocos compañeros. Se jubilan y se mueren enseguida porque no alcanzan a vivir por cómo tienen el cuerpo”, comenta. “Con el tiempo uno se da cuenta que cambió plata por salud. Tengo dos hijos y me quiero dar el gusto de estar con ellos cuando me vaya”, dice Alfredo. Está apurado por irse de ese lugar, que no deja de desear: “Por favor, le pido a las autoridades que me jubilen. Quiero llegar vivo. Acá nadie llega a los 65”.
El Ministerio de Trabajo declaró insalubre en 2011 a esta tarea: piden 6 horas de trabajo y pasividad a los 55.

“La gente tira de todo”, dice Alberto Funes
Tiene 51 años. Confía en hacer deportes para poder estar mejor.
Alberto Funes tiene 51 años y hace 29 que cumple tareas como municipal en la planta de Bajo Grande. Está entre los empleados que la vienen “piloteando” con su salud. Manchas, alergias y problemas gástricos, nos cuenta que son algo frecuente en su organismo. Aunque se ayuda con una receta: “Hago deportes, salgo, corro, trato de mantenerme todo lo que puedo”.
Su cable a tierra es realizar actividad física, aunque las guardias son de siete días y un franco. Con tres semanas seguidas de trabajo, obtienen cinco jornadas compensatorias. “Cuando volvés a la planta, después de varios días, es increíble cómo uno siente el olor. No sólo es la salud, es también la cuestión psicológica”, nos dice. “En este lugar vemos de todo. La gente tira de todo a las cloacas y uno se tiene que meter y no pensar. Se empieza a concientizar que es trabajo, no quiero ni recordar las cosas que vemos que larga la gente”, dice.

Aguas menos turbias en la planta cloacal
Un principio de solución para el conflicto que protagoniza el personal de la planta de tratamientos cloacales de Bajo Grande se insinuó el viernes pasado, y hoy se confirmará si prospera o no. Delegados del Suoem en el complejo confirmaron que acordaron reunirse hoy cerca del mediodía con el secretario de Gobierno, Facundo Cortés Olmedo, y el secretario General, Sergio Torres, para avanzar en el análisis de una serie de expedientes de compras de repuestos e insumos que los empleados reclaman.
“El viernes acordamos eso, tenemos expectativas de lograr el compromiso de que esos trámites se aceleren y consigamos lo necesario para hacer trabajar bien la planta”, aseguró Roberto Gaitán, delegado del Suoem en Bajo Grande. Igualmente, la dependencia amanecerá de asamblea, terminando de consensuar la postura que los delegados llevarán más tarde, junto con los expedientes, al Palacio 6 de Julio.
Aunque la comunicación oficial del municipio insiste en que “a la planta se le realiza el mantenimiento y las refacciones que son precisas en forma cotidiana”, los delegados aseguran que no cuentan con repuestos claves reclamados hace tiempo, como las cadenas que se utilizan en cuatro canales por donde circula el líquido cloacal y otros elementos.
“La planta ha sido refaccionada por la Nación hace poco, pero la maquinaria no anda en su totalidad porque se deteriora y no es reparada. Hoy la situación llegó a una extremo en que tenemos que arreglar todo con alambre, y no dura”, aseguró Gaitán. Según el delegado, las carencias devienen en que el tratamiento sobre el líquido cloacal se haga a un 50 por ciento promedio debajo de lo que debería, y que en numerosas oportunidades –debido a desperfectos– se operen “desbordes” (arrojo de líquido crudo al río).
Tiempo atrás esto fue negado desde la Secretaría de Desarrollo Urbano.
10 millones. Los delegados aseguran que para revertir el deterioro más urgente y hacerla funcionar en modo aceptable, Bajo Grande requiere de una inversión de 10 millones de pesos en arreglos e insumos. Y luego aportes más pequeños y regulares como para cuidar esas mejoras. “El municipio debería tener dinero, ya que esta gestión creó una tasa destinada a las cloacas sobre la factura de Aguas Cordobesas (10 por ciento), y viene recaudando”, reprochó Gaitán. Sumado a ese tributo destinado a financiar la nueva infraestructura cloacal, la comuna cordobesa percibe desde hace años una sobretasa de cloacas (se factura sobre el monto que cada contribuyente abona de Inmobiliario), creada en su momento para mantener la red de ese servicio.
Las autoridades municipales aseguran que existen proyectos de obra en marcha destinados a evitar problemas estructurales en la parte más antigua de la citada infraestructura. El intendente Ramón Mestre visitó dos veces el lugar y hoy los muchachos esperan que les den respuesta. Aseguran que se trata de deterioros que llevan años y que eso los afecta.

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