8 mar 2015

Catástrofes naturales históricas de Córdoba



La Voz del Interior (08/03/2015)
Catástrofes naturales que marcaron la historia de Córdoba

Si bien la intensidad y la constancia de las últimas lluvias son inéditas, en la historia de la provincia hubo tormentas que dejaron numerosos muertos y destrozos.
“Es la primera vez que veo algo así”. Esta frase se les escuchó decir a muchos vecinos en estas últimas semanas, conmocionados por el poder destructivo del agua en distintos puntos de la provincia de Córdoba. Sin embargo, al repasar la historia de catástrofes naturales, se observa que no es la primera vez que las lluvias dejaron a su paso destrucción y muerte.
En los archivos de La Voz del Interior se pueden cuantificar decenas de crónicas sobre muertes a causa de inundaciones, con ríos que se desbordan y crecidas que arrastran personas, una vivienda que se desmorona sobre alguien o electrocutados en un día de lluvia.
Los archivos históricos señalan que la inundación más antigua fue en febrero de 1671. Fue en La Cañada y dejó 14 muertos.
Más de 200 años más tarde, ya hay fotografías que dan una dimensión del temporal que azotó la ciudad de Córdoba el 19 de diciembre de 1890. En tiempos del gobernador Eleazar Garzón y del intendente Luis Revol, La Cañada volvió a inundar la ciudad tras una intensa lluvia.
En sólo cuatro horas cayeron 200 milímetros de agua. Esa vez hubo dos centenares de muertos y los daños materiales fueron cuantiosos, por lo que se constituyó en unas de las peores tragedias naturales que vivió la ciudad de Córdoba.
La Cañada volvió a hacer estragos el 15 de enero de 1939 cuando esa tarde cayeron en pocos minutos 100 milímetros y el “inofensivo arroyo volvió a convertirse en una fiera indomable que arrastró personas, árboles, muebles, carruajes, animales de tiro y todo lo que halló a su paso”, según indican las crónicas periodísticas.
El saldo fue de dos muertos y numerosos heridos. La inundación, además de los ranchos de El Abrojal, borró del mapa los adoquines de madera que tapizaban las calles céntricas, un emblema de la Córdoba de antaño que ya no se volvería a ver.
Cinco días más tarde, el 20 de enero de 1939 las lluvias azotaron toda la provincia de Córdoba y dejaron un saldo de nueve muertos en Saldán.

Veranos amargos
Más acá en la historia, hubo muchas inundaciones que dejaron un verano con sabor amargo. El 1° diciembre 1966, el entonces río Primero se desbordó en su paso por la capital de Córdoba y dejó un saldo de 14 muertos, numerosos heridos, centenares de evacuados y pérdidas millonarias.
Esa noche trágica, “el río transformó su manso caudal en un torrente incontenible que arrasó todo lo que encontró a su paso”, contaban los periodistas.
Se atribuyó el hecho a las torrenciales lluvias en Unquillo, Villa Allende y La Calera, que promediaron 250 milímetros en tres horas y que provocaron el desborde de los arroyos La Calera y Saldán y la posterior crecida del río Primero.

El aluvión
Haciendo un salto en el tiempo, estas últimas lluvias a muchos les recordó la tragedia en San Carlos Minas. El 6 enero de 1992, un aluvión de madrugada se cobró la vida de 42 personas. Además, destruyó 49 casas y provocó daños en 186. El alud, además, se llevó los dos puentes carreteros y arrasó la infraestructura de servicios. Fue la mayor tragedia de los últimos 50 años.
Sin embargo, ese enero, día tras día la prensa informaba sobre nuevos muertos y hechos trágicos. El 1° de enero un policía se ahogó en el río Suquía y en sólo 40 minutos la lluvia provocó la inundación de numerosos barrios cordobeses. Hubo 13 evacuados en Villa María del Río Seco y El Fortín quedó aislado.
El 4 enero dos personas murieron ahogadas en río Cosquín. Al día siguiente, tres personas murieron electrocutadas en la ciudad de Córdoba.
Tras el alud en San Carlos Minas, tres días más tarde, el 9 de enero, se ahogó una persona en el vado Sargento Cabral de la ciudad de Córdoba.
Al día siguiente se desbordó el dique La Quebrada y otra persona falleció ahogada en Río Ceballos, además de notificarse varias viviendas inundadas.
El 12 de enero aparecieron dos ahogados, uno en el dique La Quebrada y otro en el río Ctalamochita, cerca de Río Tercero. Al siguiente día, apareció otro muerto en Villa de Soto.

Temporal en el sur
Unas semanas más tarde, el 4 de febrero de 1992, un fuerte temporal se abatió sobre Río Cuarto y provocó destrozos de magnitud y causó dos víctimas fatales. Hubo 100 evacuados y las ráfagas alcanzaron 170 kilómetros por hora.
Finalizando el verano, las tormentas del fin de semana del 14 y 15 de marzo provocaron la muerte de un baquiano que intentó cruzar el río Santa Rosa en cercanías de Yacanto de Calamuchita y determinó la evacuación de más de 200 personas en toda la provincia.

Sin fin
Las inundaciones siguieron ocurriendo en todo el territorio provincial con más muertes.
Un tornado arrasó Villa La Tela en 2003 y dejó cuatro muertos y cientos de evacuados.
La tormenta del 3 de febrero de 2007 sobre la ciudad de Córdoba provocó la muerte de un joven de 14 años y una crecida sobre las Sierras Chicas que arrastró autos y causó cuantiosas pérdidas. Y el temporal del 30 de enero de 2012 dejó dos muertos, decenas de heridos y 300 evacuados en Córdoba.
La intensidad de las lluvias de febrero de 2015, la extensión que tuvieron las inundaciones y las pérdidas humanas inscribirán un nuevo pasaje en la historia de los desastres naturales en Córdoba.

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“La solución no es hacer más diques, sino respetar la naturaleza”

La provincia sufrió tres tipos de inundaciones y para ninguna de ellas se justifica una megaobra, dice el especialista Santiago Reyna.
Repentinas en las Sierras Chicas, anunciadas en la cuenca del Ctalamochita y persistentes en el nordeste provincial. Córdoba sufrió tres tipos de inundaciones provocadas por diferentes causas.
Según Santiago Reyna, ingeniero especialista en hidrología y docente de la Universidad Nacional de Córdoba, cada una requiere soluciones puntuales, pero ninguna una megaobra.
“Las inundaciones torren­ciales como la ocurrida en las Sierras Chicas son rápidas. Ero­sionan y rompen. Pueden tumbar algunas casas y provocar in­greso de agua en otras. Hay que limpiar, secar y reemplazar el mobiliario, pero allí termina el problema”, explica.
Y agrega: “En las Sierras Chicas y Punilla se ha construido sobre los paleocauces (antiguos ríos) e incluso sobre los cauces, más allá de que estén o no por fuera de la línea de ribera. Este boom de la construcción coincidió con un período seco, sin inundaciones”.
Durante la creciente, los cauces acotados por la urbanización y los puentes, se taponaron con lo que arrastró el agua. El cauce desbordó y escurrió por los antiguos cauces.
“Estos eventos anormales ya son más frecuentes que décadas atrás. En 2000 hubo una inundación fuerte en el noroeste de la ciudad de Córdoba que dejó sin agua a la mitad de la población. En 2008 se inundó Villa Allende. Tres inundaciones en un sector en 15 años. Son eventos extraordinarios pero cada vez más frecuentes”, explica.

Inundaciones fluviales
En la cuenca del Ctalamochita la inundación fue del tipo ­fluvial, como las que ocurren en el río Paraná. Son eventos ­anunciados, por lo que se pueden tomar medidas antes de que llegue el agua.
“El problema es que en algunas partes de la cuenca, el río está más arriba que las ciudades, con lo que es difícil desaguar e incluso los desagües pueden funcionar en sentido inverso y facilitar el ingreso del agua”, advierte Reyna.
Según el ingeniero, hay que definir qué parte de la planicie de inundación ocupada hay que proteger y en que parte hay que evitar que se construya por estar en una zona de alto riesgo.
Y ejemplifica con lo que se hizo en Córdoba sobre las márgenes del Suquía. Hace unos años se fijó un caudal de riesgo hídrico. Con un crédito del BID se trasladó a todos los que estaban dentro de esta zona.
“Por eso no ha habido ningún accidente grave en la ciudad de Córdoba. Esta medida debería tomarse en todas la localidad construidas sobre un curso de agua”, sostiene.
Aunque aclara: “No se puede lograr que la Provincia se invulnerable a las inundaciones. Aun respetando la línea de ribera, muchas zonas se pueden inundar”.

Inundaciones pluviales
Por su parte, las inundaciones pluviales son producidas por el agua de lluvia en planicies con poco declive. Son más complicadas porque el agua tarda mucho en escurrirse. Esto genera problemas estructurales en todas las construcciones bajo agua y problemas en el sistema cloacal y pozos negros, lo que representa un riesgo sanitario. El ejemplo más reciente es lo que ocurre en Idiazábal.
Las causas de estas inundaciones, además de las condiciones topográficas y las lluvias extraordinarias, son pequeñas intervenciones humanas que embalsan el agua, como bordos y terraplenes, y otras que se transforman en ríos, como caminos erosionados.
“También influye el cambio en el uso del suelo que se realizó en la zona periférica. Por ejemplo, campos con canales ilegales o sin lagunas de detención”, detalla el ingeniero.

Soluciones
Reyna sostiene que para prevenir cada tipo de inundación se pueden tomar medidas estructurales y no estructurales.
“La gente siempre piensa en las primeras, reclama más diques y defensas. Pero la realidad es que en Córdoba no se pueden hacer más diques. El río Ctalamochita ya tiene seis y Sierras Chicas tampoco admite más represas”, asegura.
A su vez, canalizar un curso de agua, crear grandes defensas o trasladar todas las viviendas ubicadas en las costas de los ríos son obras costosísimas.
“Sobre la amenaza podemos hacer poco porque no podemos manejar las lluvias, aunque sí podemos trabajar en nuestras vulnerabilidades. Cuidar la cuenca. Evitar los desmontes, el sobrepastoreo y los incendios, en especial, en las cuencas que generan inundaciones torrenciales, como en Sierras Chicas, para disminuir el caudal y la velocidad con la que baja el agua”, comenta. Y advierte que cada localidad debe crear un protocolo para analizar sus vulnerabilidades: qué construcciones habrá que trasladar, a dónde mejorar las defensas o crear lagunas de detención.
“Aunque a veces es más importante cómo se informa, qué instituciones actúan y la capacitación del personal que las obras estructurales”, afirma.

Posibles represas
Pocas alternativas. En la provincia casi todos los ríos tiene diques. En los que no hay, el costo de hacer una represa y el daño ambiental y turístico no justificaría la obra, dice Reyna (foto).
Cuesta Blanca. Hace 20 años se proyectó construir un dique en Cuesta Blanca sobre el río San Antonio, afluente del lago San Roque. Tras una fuerte po­lémica, fue desestimado por el impacto ambiental y paisajístico que generaría río abajo.
Anisacate. Es el único río sin dique y con un caudal importante. Es uno de los afluentes del río Xanaes (Segundo).
Soto. Otro río que podría sumar un dique es el Soto, en el departamento Cruz del Eje, con el objetivo de alimentar el riego.

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