11 ago 2013

Sin ecosistemas no hay biodiversidad

El Puntal de Río Cuarto (11/08/2013)
Con su hábitat destruido, varias especies autóctonas se extinguen


El avance de la agriculturización sobre la región ha provocado la desaparición de animales que eran parte de la fauna silvestre. Perdices, liebres, aguiluchos, zorros y peludos desaparecieron de campos y sierras
Desde mediados de los años 90 comenzó a implementarse con fuerza en la región un sistema que favoreció el monocultivo, la introducción de las semillas transgénicas en la zona dio un vuelco al sistema de producción en la agriculturización intensiva. A más de 10 años de su aplicación, la tierra generó importantes ganancias, pero el efecto colateral resultó ser mayor, con la desaparición  casi de la totalidad de las especies faunísticas autóctonas de la zona.
Liebres, perdices, vizcachas, peludos y decenas de aves perdieron su fuente de alimentación, también su ambiente para anidar o reproducirse, y  van camino a la extinción.
“Del bosque nativo ya no queda nada, entonces a los animales les han  quitado sus casas. Ya no queda fauna silvestre, salvo algunos que en realidad tampoco son de esta zona, como el jabalí”, sentenció Daniel Bustos, integrante de la agrupación ambientalista Acofa.
Otrora el ganado era por excelencia la producción de esta zona enclavada en la pampa que aún conservaba significativas porciones de bosque nativo, principalmente en todo el sector oeste del departamento General Roca, una rica variedad de especies nativas de flora y fauna, como el algarrobo, chañar, piquillín o el árbol endémico el caldén, permitían un hábitat por excelencia para pumas, gatos monteses, vizcachas, zorros grises, entre otros, y cientos de especies de aves de la zona.

La primera víctima
A mediados de la década de 1990 el aguilucho langostero se convirtió en uno de los casos paradigmáticos de los efectos negativos que tienen las prácticas agrícolas sobre la fauna silvestre en la región pampeana de Argentina. Sus hábitos de agregación espacial, de selección de hábitat y de alimentación, sumados a condiciones ambientales que favorecieron explosiones demográficas de insectos perjudiciales para los cultivos de la región, fueron factores que se conjugaron dramáticamente y que concluyeron en una serie de eventos de mortalidad por envenenamiento que afectaron aproximadamente a 20.000 individuos de esta especie, un 5% de la población total estimada por ese entonces
A pesar de que el insecticida causante de aquellas mortalidades ha sido retirado del mercado y que no se han reportado nuevos incidentes de mortandad durante los últimos años, son diversos los aspectos de la biología de la especie que necesitan de mayores estudios para asegurar su conservación. Estos datos se desprenden del estudio de carácter investigativo  realizado por las docentes huinquenses, licenciada Roxana Risso y profesora Liliana Racca.
Todo comenzó a cambiar silenciosamente y los bosques, cultivos convencionales y lotes de pasto puna fueron reemplazados por una alfombra verde conformada en su mayor parte por soja transgénica. El retroceso de las especies nativas fue notorio pero, además de los cambios en el medio ambiente, en lo económico el impacto no fue menor. También actividades de producción y fuentes laborales en sectores rurales se vieron modificadas hasta casi su desaparición, es el caso de la actividad apícola y hasta la caza de liebres que generaba numerosos puestos de trabajo (ver aparte).
Para el profesor docente de especialización agropecuaria Carlos Formica, en la proliferación de los llamados “pools de siembras” poco podrá importarles la fauna silvestre.
“En nuestras regiones tenemos lo que podríamos llamar agricultura sobredimensionada; es decir, a la tierra no le damos descanso. Hemos visto pasar la máquina trilladora cosechando maíz y detrás un tractor con una sembradora en el inicio de una siembra de granos finos. Si al suelo no lo respetamos, si toda la estructura natural de la tierra no la cuidamos, mucho menos vamos a pensar en las especies que se nutren de ellas, llámense liebres, perdices, martinetas, peludos, etc. Porque esta sobredimensión de la agricultura impone una alta aplicación de herbicidas, que es la principal causa de muertes existentes en la fauna silvestre”.

La fauna ictícola
Hasta hace unos 20 o 25 años, los arroyos de la zona eran prolíficos en peces y ranas. Cuántos vecinos de los pueblos salían en incursión de pesca cobrando bagres, moncholos, palometas, sardinitas, mojarras y las apreciadas ranas que para cazarlas hacía falta salir de noche con una chuza y ser muy hábiles para ello.
Los arroyos Chaján, el Ají, Sampacho, El Gato, Las Lajas, Chucul, Tegua y Mosso, por sólo citar algunos, eran apreciados por su fauna hoy ya desaparecida por completo.
En las lagunas, los propietarios de estos espejos de agua hacen lo imposible para que el agua de los campos no llegue a estas aguas precisamente porque la contaminación de los agroquímicos podría terminar con una población de peces entera.
El sistema ofrece para el presente producciones récord, rentas formidables y dadivas económicas sin precedentes, pero como contrapartida produce la emigración constante de los campos donde se practica el monocultivo, la deforestación, los cambios agresivos en el hábitat de cientos de especies, el impacto económico, social y en salud en miles de familias de la región. Realidades que son como puntas heladas que asoman a la superficie de un gran iceberg sobre el cual no se ha prevenido su impacto negativo y a mediano plazo donde los principales afectados serán las generaciones futuras.

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