1 jul. 2018

Sojización en el contexto geopolítico y financiero

El Puntal de Río Cuarto (01/07/2018)
“Con el monocultivo de soja se hipoteca el ecosistema entero”

Lo dijo el geógrafo y ambientalista Pablo Sigismondi. Sostuvo que los países centrales condicionan la forma de producción de Argentina y Sudamérica. Agregó que se relaciona con la deuda externa.
Pablo Sigismondi cree que el modelo de monocultivo de soja y de explotación intensiva del suelo no es algo casual, sino parte de un entramado geopolítico y financiero por el cual los países centrales condicionan a otros -como el nuestro- a producir determinadas mercancías. En Argentina, la explotación sojera se ha extendido por todo el territorio y genera consecuencias ambientales cada vez más evidentes.
“Con el agronegocio se está hipotecando sin dudas el ecosistema. Ustedes lo conocen mejor que yo: acá hay un daño medioambiental en abundancia. Por ejemplo, voladuras de suelos, cárcavas en toda la zona sur de la provincia y se ha alterado el equilibrio natural”, sostiene Sigismondi, quien es geógrafo y fotógrafo.

¿Qué consecuencias tiene este modelo?
Se contamina principalmente el agua que se utiliza para el abastecimiento de las poblaciones. Para hacer dinero en muy poco tiempo, con ganancias siderales, se hipoteca el futuro de la mayoría. Con el agravante de que las ganancias son para pocos pero las pérdidas se socializan, como por ejemplo los pasivos ambientales, de salud y otras. La mayoría de la población no participa de las ganancias, sino que sólo recibe los daños. En toda la región pampeana, hay sinnúmero de localidades con altas tasas de cáncer, de tres o cuatro veces por encima de la media. La gente no participa ni quiere participar de ese modelo, pero los agrotóxicos no reconocen límites porque contaminan el aire y el agua.

Conflictos ambientales

¿Cómo está la situación en este sentido dentro de nuestra provincia?
Tenemos una enorme cantidad de conflictos ligados al medio ambiente y la posesión de las tierras. Por ejemplo, al norte de la capital provincial, en Juárez Celman hemos asistido al desalojo de muchas familias que habían construido sus humildes viviendas allí. O el daño medioambiental que se está produciendo por la construcción de la autovía de montaña en el Valle de Punilla, y que tiene la particularidad de dañar bosque nativo de zona roja, además de destruir el ecosistema. Por otro lado, no fue hecho consultando a la población íntimamente ligada. También tenemos otros focos de conflicto más cercanos, en el sur provincial. Tiene que ver con la extensión de cultivos como la soja, que daña al medio ambiente, la salud de la población y cuyo modelo productivo expulsa a la gente de los campos. Producen desastres medioambientales, como la aparición de cursos de agua donde no existían. Es el caso del río Nuevo, en Villa Mercedes, San Luis, que se origina al sur del volcán El Morro, a partir de la tala indiscriminada del bosque nativo y de las prácticas agrícolas.

Exclusión

Mencionaba el término imperialismo ecológico, ¿estos casos se encuadran en esta categoría?
Forma parte de un modelo de imposición en el que ya no tenemos la capacidad de decidir, ni se atiende la soberanía alimentaria sino a la posibilidad de exportar. Es grave porque produce cada vez más desigualdad social, cada vez más exclusión, margina a grandes capas de la población que se terminan mudando a los cinturones pauperizados de las grandes ciudades. Y en cierta medida, esto pasa en el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Todos ellos se ven bajo la misma matriz de producción de soja transgénica, que utiliza agrotóxicos sumamente dañinos para la salud. Hay incontables ejemplos de las consecuencias de esto, y ya nadie puede afirmar -como el ministro de Ciencia y Técnica- que uno se puede tomar un vaso de glifosato porque no hace daño. Basta con ver lo que pasa en las localidades de Entre Ríos, lo que pasa en Dique Chico, al sur de Córdoba.

¿Cómo opera eso que usted llama imperialismo ecológico?
Estamos condicionados a producir determinados tipos de cultivos, y a que eso sirva para exportar más y lograr una balanza favorable de pagos. Luego, servirá para pagar el endeudamiento sideral que estamos teniendo, que ya llega a 250 mil millones de dólares. Ya no tenemos posibilidades de pago, porque está muy cercana a un PBI anual. En realidad, lo que los grandes organismos internacionales hacen es abrir la posibilidad de tomar como parte de pago determinados recursos naturales.

“Las guerras son siempre por los recursos naturales”
Los conflictos socioambientales tienen lugar en todo el planeta, y son uno de los temas principales en la agenda geopolítica internacional. Hay tres ejes centrales de esta agenda. Por un lado, las migraciones, por el otro las guerras y por último el imperialismo ecológico. “Muchas veces, los conflictos se originan porque hay un interés en dominar los recursos de un determinado país”, asegura Pablo Sigismondi.

¿Qué ejemplos hay de esto?
El caso emblemático es el de Medio Oriente, con la lucha por los recursos energéticos. Otras veces las disputas son por controlar las rutas de paso hacia intereses estratégicos. Antes, el mundo se dividía entre países capitalistas y los socialistas, pero en la actualidad la división es entre los ricos del norte y los pobres del sur. Los primeros tienen el 20% de la población pero gastan el 80%  de la riqueza mundial, mientras que los segundos son periféricos, productores de materia prima y de bienes naturales. Estos tienen el 80% de la población y sólo disponen del 20%  de la renta mundial. Por otro lado, los países del sur no tienen la posibilidad de controlar los precios de las materias primas que producen, porque están en manos de los mismos países compradores. Siempre son víctimas de pérdidas en los términos de intercambio.

¿Cómo impactan dentro los problemas ambientales globales?
La cuestión ecológica es clave porque trasciende todo tipo de fronteras. Hoy en día, una cuestión medioambiental agobiante para toda la humanidad tiene que ver con el cambio climático y el calentamiento global, con la consecuencia de desertificación y elevación del nivel de los océanos. Esto produce al mismo tiempo sequía e inundaciones. Y, de nuevo, los principales afectados son los países del sur. Por ejemplo, Maldivas le ha pedido a la ONU que declare a sus ciudadanos como refugiados medioambientales, porque las islas van a desaparecer en los próximos 50 años por la elevación del nivel del Índico.

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