17 dic. 2016

Se realizó en Villa María encuentro de soberanía alimentaria

El Diario de Villa María (17/12/2016)
Por un consumo sano y consciente

Se reunieron cátedras libres de distintas universidades públicas del país. Ahondaron sobre la importancia de recuperar los espacios de producción familiares y cooperativos
Se llevó a cabo ayer en nuestra ciudad la primera jornada de soberanía alimentaria organizada por la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) a través del Programa de Extensión e Investigación para el Desarrollo Agropecuario (PEIDA), en conjunto con la red Calisa, que agrupa a las 23 cátedras libres de distintas universidades del país.
Del encuentro participaron el intendente, Martín Rodrigo Gill; el rector de la UNVM, Luis Negretti; el decano del Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Básicas y Aplicadas de esa casa se estudios, Germán Casetta; miembros de la cátedra libre de Soberanía Alimentaria y colectivos afines de universidades públicas argentinas y de latinoamérica, y organizaciones estudiantiles y ecologistas locales.
Además de las charlas y los debates, integrantes de Pueblo Mampa montaron un stand en el ingreso al auditorio de la Medioteca, donde se podían adquirir productos agroecológicos que genera ese espacio.

Alternativa sustentable
A lo largo de las exposiciones, distintos oradores coincidieron en que la tarea en el camino a lograr una soberanía alimentaria es insistir en el fomento de la agrigultura familiar para lograr un consumo sano y consciente del origen de los productos.
Una de las referentes de la materia y titular de la cátedra libre de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Miryam Kurnagoff de Gorban (ver página 12), enfatizó que “las nuevas carabelas de Colón tienen nombre: Monsanto, Barrick Gold, Chevron. Es el saqueo de nuestro país a los largo de la historia”.
“El problema de la soberanía alimentaria es un tema del campo. Nosotros decimos que no, que es un problema de todos porque tiene que ver con los alimentos que comemos todos los días de las góndolas de los supermercados, que concentran el 80% de la comercialización minorista”, agregó la especialista.
En ese sentido, un estudio sobre supermercados de Rosario detectó 745 productos que contienen derivados de transgénicos.
El espacio físico para la producción de alimentos desde la perspectiva de la economía solidaria y familiar es, sin dudas, una de las realidades que aquejan a las ciudades en desarrollo.
Al respecto, el intendente Martín Gill aseguró que “la disyuntiva entre el desarrollo urbano y la mantención de un cordón verde de producción frutihortícola, es una problemática que está en agenda”.
“Lo que está en el fondo de ese debate son puestos de trabajo y es una cadena de producción y distribución de alimentos que provee al sudeste de la provincia de Córdoba. Entonces, no es el desarrollo de un metro más o uno menos de un loteo”, comentó el mandatario, y finalizó diciendo que las dos posturas “deben convivir”.

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“Hay que promover una vuelta al campo”

Ayer publicamos la primera parte de la charla con una referente en la materia y que fuera convocada para representar a nuestro país en el Tribunal Monsanto desarrollado en La Haya
-Hay posturas que plantean que con la agroecología no se pueden generar suficientes alimentos para toda la población.
-Eso es un mito o, más bien, una falacia. Existen ya ejemplos de gran nivel de producción diversificada, incluso hay municipios enteros que están tomando la vía de los modelos agroecológicos. En el mundo entero el debate hoy es: ¿agronegocio o agroecología? Y estamos demostrando no sólo que es rentable, sino fundamentalmente que preserva la vida y la salud en toda su dimensión. La prueba más rotunda fue lo que sucedió luego del bloqueo al ingreso de petróleo, posterior al derrumbe del muro, que padeció Cuba, durante lo que se denomina el “Período especial”. Cuba hoy encabeza la agroecología en el planeta, un país con tantos límites y limitaciones como ese, lejano a la riqueza de nuestras tierras. Pero esto fue posible gracias a un debate político franco, barrio por barrio, asumiendo los errores, viendo cómo corregir y educándose en vías de producción respetuosas de la vida. Aún en su peor momento de crisis, Cuba no perdió su nivel en educación y salud, el trabajo mancomunado por un estado de bienestar común les permitió superar la grave situación que padecieron.

-¿Cómo se podría llevar adelante un proceso integral de transformación socioambiental en Argentina?
-Hay que promover una vuelta al campo y a la cultura de la producción comunitaria. Hay que dar oportunidades, que significa dar tierras, significa realizar una reforma agraria integral. Esto es, por ejemplo, a alguien que vive en una villa darle cinco hectáreas pero al mismo tiempo garantizarle la educación, la salud, en vez de aislarlo, pues antes que eso prefiere estar en una villa. Hay avances tímidos en este sentido, pero es un debate que necesitamos continuar. Se requieren cambios profundos en las políticas de Estado y transitar un proceso de cambio a todo nivel, pues no se puede lograr de un día para el otro que la gente cambie su modo de vida y es la población la que tiene que querer, pedir y organizarse para lograr un nuevo paradigma, no se trata de que los técnicos lo digan ni de que los políticos lo pauten, es el pueblo el que tiene que tomar conciencia de sus derechos y de sus necesidades reales para su porvenir.

“Multiplicar las huertas”
-La gente está siendo afectada cada vez más por este sistema y su modelo productivo generador de “ecocidios” a todo nivel, sin embargo, no reacciona, no se defiende ante este atentado contra su propia vida. ¿Cómo explica esto?
-Porque para implantar este modelo necesitan de lo que claramente disponen, la concentración de los medios de difusión masivos, mediante los cuales van instalando una cultura hegemónica basada en el consumismo, el individualismo, la meritocracia y no en las relaciones sociales, no en la solidaridad. Así, por ejemplo, se vuelve más importante tener una zapatilla de marca que tener buena salud o acceso a la universidad. Y la concentración mediática está instalada a nivel global.

-¿Qué tipo de alimentación debiéramos promover y aprender para garantizarnos una buena salud?
-Eso es más complejo aún, puesto que esas mismas corporaciones mediáticas están al servicio de la venta de productos que signifiquen mayor rentabilidad y dejan de lado la recomendación profesional que, lejos de concentración, sugiere ampliación del espectro de nuestros alimentos y su salubridad, cuanta mayor diversidad y menor procesamiento poseen nuestros alimentos, mejor es nuestra nutrición. Así, vamos obteniendo mejor salud y un armónico desarrollo no sólo físico, sino también psíquico y social, estos planos también se relacionan con el tipo de alimentación que tenemos. Planteamos entonces comer sano, seguro y soberano.

-Pareciera ser que creemos que estamos comprando salud, cuando en realidad lo que compramos es enfermedad.
-Exactamente. Cuanto más lejos estamos de los alimentos altamente industrializados, mejor nos va. Cuanto más lejos pasamos de las veredas de los súper e hipermercados, mejor nos va. Cuanto más compramos en comercios cercanos, mejor nos va. En la medida que multiplicamos las huertas y ferias agroecológicas y ejercemos el consumo consciente practicando el comercio justo, mejor nos va. Pero además, cuando volvemos a la cocina, pues tenemos que recordar algo que es fundamental:?“Cocinar hizo al ser humano”, pues la posibilidad de desarrollo, de lograr mayor articulación a nivel de lenguaje, la ampliación de redes neuronales, nace precisamente cuando el ser humano se convirtió en un ser omnívoro, el ser humano es el único animal bípedo capaz de producir su propio alimento. Por eso es esencial reflexionar acerca de nuestro derecho a producir y consumir un alimento sano. Ver la alimentación como un derecho es fundamental.

Las cátedras libres
-¿Qué rol cumplen o no están cumpliendo las universidades públicas en todo esto?
-Las universidades generan compartimentos estancos entre los saberes, el médico es médico y así el agrónomo, el nutricionista, etcétera. Los agrónomos saben cómo se producen los alimentos, pero no saben cuál es su valor. Los nutricionistas sabemos para qué sirven los alimentos, pero no sabemos cómo se producen. Y lo mismo ocurre con todas las disciplinas. Lo que nosotros requerimos es el diálogo de saberes. Y esta es una de las características de nuestras cátedras libres, son transdisciplinarias, es decir, no sólo incorporan e integran los saberes académicos, sino también los ancestrales y populares. Si para cuidar la vida necesitamos superar todo tipo de fragmentación, entonces necesitamos un conocimiento integrado. Y en este sentido, la Reforma Universitaria del 1918 tiene absoluta vigencia en el mundo entero, lo que nosotros estamos ejerciendo desde las cátedras libres es la apertura de la universidad, lo que se llama “extensión universitaria”, que si bien aún conserva un sentido limitado, de todos modos ya está implicando abrir las puertas de la universidad a todo conocimiento y establecer las alianzas estratégicas de la universidad con los productores, con los trabajadores y con la sociedad en su conjunto. Este es uno de los temas que llamó la atención en el mundo entero en La Haya, fue realmente el motivo por el que nos invitaron a participar, pues no hay experiencias en el mundo de un trabajo universitario como el que nosotros, desde la red Calisa, venimos desarrollando. Esto es muy interesante para que lo valoremos, puesto que lo estamos haciendo sin apoyo, sin presupuesto, no por voluntarismo, sino por convicción, porque sabemos que este es el futuro, militamos por la vida.

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El Puntal de Villa María (17/12/2016)
La soberanía alimentaria, en el eje de análisis de la Universidad


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