21 sep. 2016

Residuos: Un problema de todos

La Voz del Interior (21/09/2016)
Un problema de todos

Córdoba debe encontrar una solución sustentable para el tratamiento de los residuos que se generan en la provincia. Estamos hablando de unos cuatro millones de kilos de basura diarios, que suelen terminar en basurales a cielo abierto o en enterramientos precarios, casi sin ninguna clasificación previa que determine lo que se puede reciclar. Todo ello genera grandes riesgos ambientales y sanitarios, e insume un siempre creciente porcentaje de los fondos públicos.
Si se mira el mapa de la provincia, sólo hay vertederos regionales en una zona de Traslasierra, en Calamuchita y en los departamentos Roque Sáenz Peña y General Roca. A esa acotada lista se puede agregar el predio que comparte la Capital con localidades del Gran Córdoba.
Sin embargo, los basurales regionales no han sido la solución que se esperaba: el de Cruz del Eje, por ejemplo, construido hace 15 años, todavía no se inauguró porque los municipios de la zona dicen que les resulta caro trasladar sus residuos hasta allí. Prefieren arrojarlos en sus inmediaciones. Arrojar no es sinónimo de procesar.
El caso contrario estaría representado por Río Ceballos, que dice gastar más de medio millón de pesos por año en fletar su basura al enterramiento de Córdoba capital. ¿Destinar unos 50 mil pesos por mes del municipio para darle un destino seguro a la basura es mucho dinero? No lo parece, pero se podría disminuir ese monto y todo lo que ello implica si la población y las autoridades se comprometiesen con el tema.
En primer lugar, todos podemos generar menos basura. Por un lado, podemos clasificarla y separar lo orgánico de lo inorgánico. Por otro lado, la basura orgánica puede tener utilidad social y producir un ingreso a la comunidad: en Huinca Renancó se ha construido una planta que genera energía eléctrica a partir de residuos domiciliarios.
En segundo lugar, debemos aceptar una relativa distribución de la responsabilidad: no es posible que todos generemos basura y que casi todos nos neguemos por igual a tener el basurero en las cercanías de nuestra localidad, como ocurre ahora.
En conclusión, en este, como en tantos otros temas, los cordobeses tenemos que cambiar nuestros hábitos, nuestra conducta. Debemos tomar conciencia, involucrarnos, actuar de manera creativa y solidaria.
Las autoridades locales y los diferentes actores de la sociedad civil, con el apoyo del Gobierno provincial, deberían propiciar campañas de sensibilización pública. Porque el cambio debe provenir desde las pequeñas comunidades, por lo general más sensibilizadas en el cuidado del medio ambiente, conocedoras tanto de su trama social como de los basurales a cielo abierto que afectan a su entorno inmediato. El esquema actual es inviable. La necesidad de un cambio se impone por su propio peso.

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