19 ago. 2016

Prevenir los incendios forestales

La Voz del Interior (19/08/2016)
Prevenir los incendios forestales

Las conductas imprudentes no sólo desconocen las recomendaciones de toda índole, sino que, además, violan lo establecido en el nuevo Código de Convivencia Ciudadana que rige en la provincia de Córdoba.
Las profusas campañas de recomendación que promueven distintos organismos para prevenir los incendios rurales y forestales no parecen ser suficientes para detener este fenómeno que se repite cada año en vísperas de la primavera y que es avivado por los vientos intensos, la sequía y las altas temperaturas.
Sin embargo, más allá de los cambios climáticos y de la imprevisibilidad del tiempo, se ha constatado que el factor humano mucho tiene que ver con la quema de campos y de pastizales. Es decir, la impericia y la negligencia del hombre.
Las conductas imprudentes no sólo desconocen las recomendaciones de toda índole, sino que, además, violan lo establecido en el nuevo Código de Convivencia Ciudadana que rige en la provincia de Córdoba.
El ordenamiento prevé sanciones económicas y hasta arresto para quien encienda fuego en predios urbanos o rurales, públicos o privados, sin observar las precauciones necesarias tendientes a evitar la propagación de las llamas. La sanción puede ser aún mayor en tanto se incumplan las normas en períodos declarados de “emergencia por riesgos de incendio”.
La tarea encomiable de centenares de bomberos voluntarios, que ponen en peligro su vida para sofocar las llamas, y los elementos materiales que aportan la Provincia y los municipios afectados muchas veces no alcanzan para evitar que estos desastres predecibles arrasen con todo.
La gravedad de la situación debe llamar a la reflexión colectiva y a la toma de medidas adecuadas por parte de las autoridades. Es oportuno recordar algunas conductas negligentes tanto desde el sector público como el privado, tal como se verificó luego de los trágicos incendios de septiembre de 2013, en zonas del valle de Calamuchita.
En aquella ocasión, se quemaron miles de hectáreas y unos 10 millones de pinos, pero mucho tiempo después esos ejemplares reducidos a troncos y ramas secas no habían sido retirados, lo que los convertía en el combustible ideal ante probables nuevos focos de incendio en la zona.
No sólo se trata de evitar nuevos escenarios de destrucción para muchas familias cuyas viviendas son consumidas por el fuego, sino también de privilegiar el cuidado del ecosistema, toda vez que la quema de campos y de predios rurales a gran escala deja secuelas gravísimas en materia de contaminación del aire y el agua de los ríos.
El período de incendios ha llegado a la provincia de Córdoba con la sequía y los fuertes vientos, fenómenos característicos para esta época del año. Es por ello que se deben extremar las medidas de precaución y se debe tomar conciencia de los riesgos que pueden acarrear una simple quema de pastizales o un fuego mal apagado al cabo de una jornada de acampe en las serranías cordobesas.

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