4 jun. 2018

San Roque, satélites y la práxis

La Voz del Interior (04/06/2018)
Qué dicen los satélites sobre el dique San Roque

Investigadoras vienen “leyendo” la situación de contaminación del embalse basada en imágenes satelitales. Evalúan la evolución de las algas y el impacto de los aireadores instalados en los fondos.
Que el dique San Roque presenta un alto grado de deterioro ambiental es sabido. Ahora se suma otro aporte para investigarlo, pero basado en imágenes satelitales. Dos científicas cordobesas concluyeron sus tesis para establecer el estado de contaminación del embalse de Punilla, con eje en la lectura de satélites.
Un equipo del Instituto Gulich, dependiente de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), evaluó el comportamiento de las algas, principal causante del fenómeno de eutrofización (exceso de nutrientes) que padece el lago.
Anabella Ferral es doctora en Química y licenciada en Fisicoquímica. Alba German es licenciada en Gestión Ambiental. Para sus tesis de la Maestría en Aplicaciones Espaciales de Alerta Temprana de Emergencias, estudiaron en detalle las imágenes satelitales para determinar los niveles de contaminación y la proliferación de algas en el agua.
Ferral se dedicó a estudiar el impacto que generaron los equipos difusores colocados en 2008 en  la garganta del dique, para llevar oxígeno de manera artificial hacia el fondo del embalse y frenar los afloramientos de algas verdeazuladas o cianófitas. “Los aireadores buscan romper la termoclina del lago y dar movilidad al agua, ya que las algas crecen menos en aguas turbulentas”, indica.
German, a su vez, “leyó” los datos del satélite Terra, de la norteamericana Nasa, para determinar en qué momentos se producen las mayores floraciones de algas e intentar identificar las causas.

Aireadores, un paliativo
Ferral utilizó las imágenes del satélite Ladsat 5-TM para observar si los aireadores surtían efecto. Con lecturas del paso del satélite cada 16 días y trabajos de campo en el propio lago, logró determinar que su impacto es positivo.
“El fenómeno de proliferación de algas por exceso de nutrientes se denomina ‘eutrofización’, y es natural; los embalses a lo largo de miles de años se convierten en pantanos”, explica Ferral. El dilema es que en el San Roque ese proceso está muy acelerado.
“El problema es que proliferan algas desmedidamente, eso ya se llama ‘explosiones algales’ y trae consecuencias para la vida acuática y hasta para la salud humana, ya que generan toxinas, mal olor y agua verdosa”, subraya Ferral. Algunas especies de algas producen neurotoxinas y hepatotoxinas.
Por eso, desde hace años, se recomienda no consumir el agua del lago en forma directa, sin el proceso de potabilización que le quita esos riesgos.
Las algas se alimentan del fósforo y el nitrógeno que provienen, sobre todo, de la materia fecal humana (falta de cloacas en la zona) y animal (ganadería en la cuenca), además del impacto de los incendios forestales y del uso de fertilizantes rurales.
Hace una década, se pusieron en marcha los aireadores, un dispositivo de siete líneas de caños ubicados a un metro del fondo, con perforaciones que inyectan oxígeno para incrementar la circulación del agua en el sector más profundo del lago. El objetivo es romper el proceso de termoclina y disminuir la floración de algas. El sistema es único en su tipo en el país.
"La Provincia los instaló, con aportes de la Nación, pero no era fácil observar si producían el efecto buscado, porque hay muchos factores que influyen”, asevera.
Con su tesis -asegura- comprobó que "la zona donde están los difusores se comporta un poco mejor que el resto”. Ferral precisa hoy que los sectores más comprometidos son las desembocaduras de los ríos Cosquín y San Antonio.
De alguna manera, el trabajo plantea la utilidad de que se sumen más equipos a los pocos instalados hace 10 años.
A la pregunta sobre qué puede detectarse en el lago desde el espacio, Ferral responde: “Cuando uno tiene información satelital, es con periodicidad temporal, ya que cada determinado tiempo pasa el satélite por el mismo lugar. La teledetección aprovecha la interacción de la luz con la materia y hay diferentes propiedades que se pueden medir. Si queremos medir la parte química, utilizamos sensores ópticos e infrarrojos”, señala.

Las floraciones
German utilizó la información de otro satélite, el Terra, para determinar en qué momentos se producían las mayores floraciones de algas e investigar maneras de anticiparse. Para eso, siguió día por día el paso del satélite.
“El momento de floración es un pico de crecimiento grande, que se muere rápido. Las algas compiten entre sí y, cuando se mueren, consumen el oxígeno, produciendo a veces la mortandad masiva de peces y mal olor“, comenta.
Su investigación se basó en generar un “umbral” a partir de las diferencias que se dan en las floraciones de invierno y de verano. “Se identificaron fechas específicas, y pude precisar cuántas floraciones había por mes”, apunta.
German detectó que, entre octubre de 2016 y abril de 2017, cuando  culminó su trabajo, el lago estuvo “hipereutrófico”, es decir, en el nivel máximo de contaminación.

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Anabella Ferral hoy es la directora de la maestría que se dicta en el Instituto Gulich, mientras que Alba German trabaja para la Secretaría de Recursos Hídricos de la Provincia y colabora con la Conae. El grupo de investigación trabaja a cargo del doctor en Física Marcelo Scavuzzo y la doctora en Química Velia Solís. Colaboran la Universidad Blas Pascal y la Secretaría de Recursos Hídricos.
Actualmente, intentan diferenciar los grupos de algas.

El diccionario de un lago impactado
Algas cianófitas. Conocidas como “verdeazuladas”, son organismos unicelulares que viven en medios acuáticos o húmedos. Se nutren de fósforo y nitrógeno. Pueden ser tóxicas para seres vivos.
Termoclina. Es la estratificación térmica que se produce en épocas de calor en el embalse por la existencia de agua fría en el fondo y caliente en la superficie. No deja que se oxigene el agua del fondo al no tener contacto con la atmósfera. Si hay gran cantidad de materia orgánica, los microorganismos del fondo consumen el oxígeno y cuando este se acaba, el barro suelta el fósforo depositado, generando una “panzada” de alimento para las algas, que aceleran su proliferación.
Geosmina. Al ser organismos microcelulares, las cianófitas no se pueden extraer del lago. Al morir, las algas liberan las toxinas y se produce un olor nauseabundo que se denomina “geosmina”.

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Del saber al hacer, en un problema crónico

De los vecinos de las 20 localidades que integran la cuenca hídrica del San Roque en Punilla, el 21% tiene servicios cloacales adecuados.
Las investigaciones que abordan la degradación ambiental del dique San Roque se acumulan, desde hace años. Todas trazan coincidencias: su deterioro se acentúa con el tiempo y la causa central, aunque no única, hay que buscarla en la ausencia de tratamiento cloacal en toda la cuenca hídrica.
“Eso”, que generan habitantes y turistas, es lo que nutre de fósforo y nitrógeno en exceso al lago y alimenta a las algas que lo pudren.
Un informe de este diario, hace un año, establecía que en las 20 localidades que integran esa cuenca hídrica en Punilla, sólo el 21 por ciento de los vecinos cuenta con servicios cloacales adecuados. Es menos de la mitad del promedio ya escaso de cobertura en cloacas que se registra en toda la provincia.
El lago que más turistas conocen en Córdoba puede ser visto, pero no tocado: bañarse en sus aguas es un riesgo desde hace años, aunque recién ahora sea admitido oficialmente. No sólo se trata de las persistentes cianobacterias (algas), con efectos tóxicos en caso de ingestión directa. En 2016, un estudio del Instituto de Virología de la Universidad Nacional de Córdoba detectó la presencia adicional de media docena de virus entéricos, responsables de cuadros de gastroenteritis.
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A los datos de investigaciones en el terreno se agregan ahora las de imágenes satelitales. Los diagnósticos se suman, pero no las acciones traducidas en políticas integrales.
La Provincia licitó obras de cloacas en la cuenca media del río Cosquín. La Nación prometió apoyos que aún se esperan. El municipio de Villa Carlos Paz por primera vez asumió un rol activo en el último año, aunque sin recursos disponibles.
Es mucho lo que falta, para tantos años de desidia.
La mejor parte es lo que no ocurrió: según especialistas que trabajan en el saneamiento de otros embalses en el mundo, al no tener contaminación de tipo industrial, si hubiera un plan sostenido, integral y con presupuesto acorde durante largos años, una recuperación del San Roque sería posible.

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