19 jun. 2018

Contaminación sonora en Córdoba Capital

La Voz del Interior (19/06/2018)
Oídos sordos a una ciudad cada vez más ruidosa

Mediciones, control de obras de aislamiento acústico, intimaciones para hacer refacciones, prohibición de utilizar el patio y hasta la clausura figuran en el resumen municipal de verificación de los niveles sonoros en más de 45 locales de la ciudad de Córdoba. Sin embargo, no aparecen entre las infracciones sancionadas por el Tribunal de Faltas durante 2016 y 2017 multas por incumplimiento de la norma de ruidos molestos.
En 2018, la Municipalidad informó que fueron tres las infracciones por “ruidos excesivos en locales de espectáculos públicos que afectan a vecinos”.
Para el oído de cualquier humano, la diferencia entre un sonido y un ruido es simple. El segundo causa molestia. No obstante, no se puede medir con subjetividad, por lo que el municipio prevé un sistema de control de los niveles acústicos basándose en las escalas previstas en la ordenanza 12.208.
Escoltada por tres locales nocturnos a sólo 50 metros de distancia del edificio donde vive –en Mitre y General Paz, en las proximidades del Centro–, las noches de Mercedes suelen pasar entre el ruido de la música y la sensación de que en cualquier momento va a enloquecer, imposibilitada de conciliar el sueño.
“El miércoles a las cuatro de la mañana era imposible estar, no se podía dormir por el ruido. Me voy a volver loca si sigue así. Nadie hace nada con los volúmenes que mantienen estas personas en sus boliches”, apuntó Mercedes.
“Con el consorcio fuimos a Espectáculos Públicos y nos dijeron que yo tenía que denunciar para que ellos actuaran, entonces nunca hicieron nada. Deberían actuar de oficio y constatar que, si hay algo fuera de la norma, se lo sancione. Yo no hago la presentación por miedo, porque nos hemos quejado y recibimos amenazas”, agregó la mujer, que por este mismo temor sólo se anima a dar su nombre de pila.
Como Mercedes, muchos vecinos no se animan, no saben cómo o no quieren hacer la denuncia, y sin este paso es más difícil que se llegue a una solución.
Una vez detectado el problema (denuncia de vecinos) debe fijarse un horario para poder realizar dos mediciones desde el domicilio del denunciante: se toma un registro de los decibeles tanto cuando el local denunciado está cerrado como cuando está en funcionamiento, con el fin de establecer los valores de esta diferencia.
“Establecido el hecho de que el local incumple con los valores máximos permitidos, se emplaza al titular, con apercibimiento de clausura, a efectuar un informe acústico por un profesional acreditado y toda obra de insonorización que sea necesaria para acotar los valores transferidos a lo fijado en ordenanza”, explicaron desde la Municipalidad.
Desde el Palacio 6 de Julio sostuvieron que existen dos grandes motivos que explicarían la dificultad para obtener una medición fehaciente dentro del boliche y la inexistencia de multas ante la falta.
Por un lado, indican que, ante la llegada del vehículo oficial con los inspectores, los responsables de los locales -advertidos del control inminente- bajan la música, por lo que la medición se vuelve infructuosa.
Aclaran, por otro lado, que la violación en la regulación puede quedar englobada en una infracción general relativa a medidas de seguridad e higiene.
“No hacemos hincapié en la multa, sino en que se hagan las obras para que se reduzcan los decibeles y que no se amplifique música en los patios. El año pasado, hubo más de 20 establecimientos comerciales que tuvieron que reacondicionar el local. Todos los fines de semana salen cerca de 45 personas a controlar, y ahora incorporamos dos aparatos de última generación para la medición de sonido a los dos que ya había”, informaron.
Durante 2017, debieron realizar importantes obras de reacondicionamiento de sus instalaciones locales y salones como Distrikt, Santana Rock, Lennon, Sala del Rey, la Bodeguita de Kike El Cubano, Fruta, Unplugged, Cayó Makenssy y Villa Vistello.
Mientras tanto La Barra Boliche, Loca Ella, Chic, Canario Negro, Club Buenos Aires, Jet Lag, Pontevecchio y Bosque de Piedra debieron realizar nuevos informes y tareas de mejoramiento.
Entre febrero de 2015 y septiembre de 2017, de los 45 bares o boliches donde se realizaron mediciones, 25 tenían diferencias de decibeles entre el sonido ambiente y el ruido en funcionamiento superiores a los permitidos, al tiempo que seis estaban en regla. En los otros, los datos brindados eran incompletos.

Controles y resultados
En uno de los boliches controlados, hubo nueve mediciones que arrojaron decibeles por encima del límite permitido, y aunque figuran intimaciones para la realización de tres obras acústicas, el caso no aparece entre la lista de irregularidades que fueron objeto de multa. El local continúa funcionando en Nueva Córdoba.
Según la ordenanza, durante la noche, en zonas residenciales, el máximo incremento permitido del nivel sonoro ambiente es de cinco decibeles ante la presencia de una fuente de ruido. En los sectores con perfil tanto comercial como residencial, el permitido sube a siete.
Este número se duplicó y se triplicó, tanto en Nueva Córdoba como en Güemes, Cerro de las Rosas y boliches del Chateau, aunque el mayor salto se dio en un salón de Villa Warcalde, donde se registraron 21 decibeles de diferencia.
La misma reglamentación indica que los picos sonoros en el interior de cualquier espacio destinado a reuniones o a espectáculos no podrán superar los 95 decibeles, aunque un proyecto pretende bajarlo a 85. Sobre estas mediciones no se brindó información.
Arturo Maristany, del Centro de Investigaciones Acústicas y Luminotécnicas (Cial) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), explicó que los efectos de los ruidos sobre las personas “pueden ser desde psicológicos hasta físicos. Hasta los 70 decibeles son principalmente psicológicos, problemas con el sueño, estrés, falta de concentración”. “Después de estos, puede haber pérdida de audición”, afirmó.
“El problema de los ruidos no se soluciona con aislamiento de edificios, sino con planeamiento urbano. Es necesario separar zonas industriales o de boliches y residenciales, hospitalarias, y esto no se logra con una calle de por medio”, sostuvo.
El arquitecto, doctorado en ingeniería acústica, está desarrollando junto con el grupo de trabajo un observatorio de ruidos. Para ello, recopila datos desde hace más de un año con el fin de poder armar un mapa que incluya todo tipo de sonidos dentro de la ciudad.

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Más Información:

- La salud auditiva, una agresión subestimada en los ámbitos urbanos. "Si la persona es habitué o trabaja en locales con sonidos altos, cabe indicar una audiometría" sostiene el otorrinolaringólogo Oscar Paoletti.

- Un proyecto para bajar los decibeles. El principal fundamento se basa en recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre las posibles consecuencias perjudiciales derivadas de la exposición a volúmenes sonoros muy elevados, como pérdida de audición y acúfenos.

- Vivir sin poder dormir. Entre las irregularidades que denuncia el vecino, está la ubicación del predio donde está emplazado el local, que se encuentra a escasos metros de una clínica.
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