15 feb. 2018

A 3 años de la inundaciones en Sierras Chicas



La Voz del Interior (15/02/2018)
Casi no se deben obras, pero el miedo sigue ahí

Milagros cumplirá 3 años el próximo 10 de marzo. Su historia sería una más si no fuera porque es una hija del agua: llegó al mundo cuando sus padres eran parte de los vecinos evacuados en el ex-Hotel 18 de marzo de Río Ceballos, luego de perder su casa por el aluvión del 15 de febrero de 2015, una fecha trágica que marcó a Sierras Chicas y le costó la vida a ocho personas.
Hoy Milagros vive junto a sus padres y dos hermanos en barrio La Victoria, en una de las 50 casas que la Provincia construyó para los damnificados de Río Ceballos. En total, en todo el corredor se construyeron 163 viviendas para reemplazar a las que los ríos se llevaron y debieron ser relocalizadas lejos de los cauces, en Villa Allende (80), Mendiolaza (8), Unquillo (15) y 57 en Río Ceballos.
A tres años de aquel aluvión la historia de Milagros emerge como un bálsamo en todo un proceso de reconstrucción de familias en la región.
En su casa de barrio Loza, construida en una excantera a metros y medianera con el cementerio de Río Ceballos, sus padres Patricia y Diego Ledesma, reconstruyeron parte de lo que vivieron desde el 15 de febrero de 2015 hasta comienzos del año pasado, cuando consiguieron llegar a ese lugar.
“Fueron momentos muy duros, nosotros vivíamos en La Quebrada, habíamos terminado de reformar nuestra casa, esa crecida nos destruyó todo. Estuvimos incomunicados con mi marido casi dos días, hasta que llegué al centro de evacuados en el hotel”, cuenta Patricia.
A su lado, Diego, que es paramédico y voluntario, añade que apenas pudo llegar a la ciudad se agregó al cuerpo de Defensa Civil, para ayudar porque no podía ir a su casa en La Quebrada donde había quedado su familia.
En ese trajinar le tocó vivir una de las situaciones más traumáticas de su vida; encontrar el cuerpo sin vida de Nilce Aubery, una de las mejoras amigas de su mujer, arrastrada por la corriente en una traffic desde La Quebrada, en donde también murió su hija de 5 años.
“Fue un momento tremendo porque yo ya estaba en el hotel. Todavía no había podido comunicarme con Diego. Además de enterarme que él había encontrado el cuerpo sin vida de mi mejor amiga; fue un golpe muy duro, todos me decían que tratara de calmarme por la bebé”, agrega Patricia.
A partir de ahí fue para ellos una vida atravesada por el dolor de esa muerte y la esperanza por la nueva vida que venía en camino.
“La espera de la bebé fue como un escape para todos los que estábamos evacuados en el hotel. Se vivía un clima muy bajoneado, pero cuando nos acercábamos a la fecha del parto todos estaban pendientes de ayudarnos para conseguir la cuna, el moisés, el cochecito, ropa. Esa espera le levantó el espíritu al grupo. Una tarde, mientras tomábamos mate, les dije que teníamos que conseguirle el nombre al bebé porque le íbamos a poner Natalia como a mi abuela y todos se rieron. Ahí surgió de manera unánime Milagros”, cuenta, sonriente, Patricia.
Debieron esperar más de dos años para acceder a sus viviendas, padecieron conflictos por el retraso en el pago de alquileres en casas transitorias con amenazas de desalojos, descomposiciones de núcleos familiares, y en muchos casos adaptarse a nuevos barrios y construcciones de precaria habitabilidad respecto a las casas que tenían antes de la inundación. Además de no conseguir integrarse con sus nuevos vecinos.
“Cuando llega esta fecha sentimos tristeza por la gente que se fue y aún no terminamos de superar el miedo de que nos vuelva pasar. Se arma una tormenta y estamos todos pensando si el vecino está bien porque no tenemos la tranquilidad de que no vuelva a ocurrir otro 15-F. Faltan obras de contención y de entubado en varios sectores, y si bien ahora no estamos a la orilla del río, vivimos en una zona en donde pueden ocurrir inundaciones”, cuentan Patricia y Diego. Dicen que por esa razón muchas familias quieren irse a vivir a otro lugar y ponen en ventas sus casas.
El mayor temor que manifiestan los vecinos es que no se han instrumentado sistemas de alarma temprana.

Las obras
En términos de infraestructura, la Provincia cumplió. En conjunto con los municipios que aportaron las tierras, concretó la entrega de todas las casas comprometidas y finalizó la mayoría de los puentes, pasarelas y vados. Además, efectuó el engavionado en los tramos más peligrosos de los recodos de los ríos y ensanchó el cauce de los arroyos.
En Salsipuedes se reconstruyeron dos puentes-vado, se levantó un muro de protección donde pasa el río por el centro de la ciudad y se colocó una pasarela nueva.
En Río Ceballos se reconstruyeron tres puentes y se instalaron cinco pasarelas. También se repavimentó un tramo de la calle Rivadavia que da a la costanera y quedó pendiente la repavimentación de calle combatientes de Malvinas en barrio Ñú Porá y un desagüe nuevo en el centro, a la altura del casino.
En Unquillo, se construyeron, y se instalaron tres pasarelas y están en obra 53 viviendas, las últimas, demoradas por falta de disponibilidad de terrenos municipales.
En Mendiolaza se construyó un puente, se instalaron dos pasarelas, y quedó pendiente la construcción de un gran desagüe que evitaría desbordes mayores en el sector del centro cívico.
En Villa Allende se construyeron dos puentes, se demolió el anfiteatro municipal para convertirlo en un espacio que actué como laguna de retardo en caso de inundaciones, y se repararon tres vados en distintos sectores del curso del arroyo. Quedó pendiente la construcción de un puente en avenida Del Carmen.
También se reconstruyó el puente de la ruta que une Ascochinga con Jesús María.
Osvaldo Vottero, director provincial de Vialidad y coordinador de las obras en Sierras Chicas, valoró que se cumplió “en su totalidad con lo comprometido” y lamentó lo único que no pudo ser restaurado: la pérdida de vidas humanas. “Esta inundación nos dejó una gran enseñanza de lo que es capaz el cambio climático y en materia de obras viales nos obligó a cambiar los parámetros de la planificación, con 500 años de recurrencia como pidió el gobernador (Juan Schiaretti) en el cierre del anillo de Circunvalación”, explicó.

Reclamos pendientes
Daniel Salibi, intendente de la ciudad de Mendiolaza, es el único de los mandatarios del sector que logró ser reelegido luego de esa fecha.
“En términos generales, las obras más importantes fueron realizadas, quedan algunas pequeñas, que se fueron adosando al cronograma inicial a medida que los vecinos y lugareños advertían que debían considerarse como desagües, y tramos de engavionados”, dijo Salibi.
También comentó que aún faltan algunas lagunas de retardo para proteger todo el sector, un sistema integrado de activación de alerta temprana en los sectores más críticos desde La Quebrada en Río Ceballos, y Los Quebrachitos y Cabana, en Unquillo. Y puntualizó que durante el año deberían realizarse varias veces trabajos de limpieza, ensanche y profundización del cauce de los arroyos.
Las consecuencias del aluvión derivaron en la gestación de distintas asambleas de vecinos en las localidades del corredor.
En el caso de Villa Allende, Ricardo Panzetta; de la asamblea Resurgir, critica: “La Provincia y los municipios intentan convencer a la gente de que con las obras realizadas el riesgo de que ocurra otro 15-F es imposible. Pero no es verdad, aún quedan obras pendientes, en particular los embalses de retención, y la profundización y cuidado integral de la cuenca”, enfatiza Panzetta.
Verónica Losano es vecina de barrio Loza, en Río Ceballos. “El ensanche que hicieron del río a veces nos da más miedo porque el agua va a correr más rápido y si desborda el cauce va a ser peor. Cada vez que llueve más de una hora fuerte empezamos a temblar”, confiesa Losano.

Alertas tempranas, el tema en debate
La Provincia asegura que hubo importantes avances.
A pesar de las críticas de vecinos, la Provincia asegura que se hicieron avances importantes en la alerta temprana: la constitución de juntas de Defensa Civil, de grupos de comunicación y de mejora en el equipamiento de alarmas, además de renovar señalética en zonas ribereñas. Pero las características de la zona, según explicó Vottero, obligan a un tratamiento con mucha cercanía e inmediatez porque las crecidas casi no dan tiempo.

Casas destruidas, todavía a la vista
La crecida del arroyo Río Ceballos se cobró la vida de un tornero que tenía su casa frente al complejo Arco Iris.
El salteño Juan Roberto Castro había subido al techo de su vivienda para resguardarse, cuando este se desplomó.
Esa vivienda continúa hoy en el mismo estado. Algunos escombros del techo que cedió ante el río que corría por la avenida San Martín aún se hallan en el lugar, y la estructura muestra sus heridas.
Otra construcción que fue destruida está hoy en un proceso de transformación.
El anfiteatro de Villa Allende tiene maquinaria que trabaja en el espacio que antes ocupaban los espectadores, con la idea de convertir el predio en una de las prometidas lagunas de retardo, que se llenaría de agua sólo en caso de crecidas.
Mil metros hacia el norte, a un costado del arroyo Saldán, sólo quedan pequeñas marcas de lo que fue el desastre y muros de contención para evitar nuevos problemas.
Al otro costado, se observan las ruinas de tres casas que fueron totalmente destruidas, donde sólo algunas paredes resisten, aunque, por su estado y por la vegetación que las rodea, evidencian el estado de abandono.

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Más Información:

- El recuerdo de “¡Ahí va Fátima!”. “El río cortó terreno por el medio de las casas, tirando tapias. Nunca entendimos cómo no se llevó esa casa –en la que vive Fátima con sus padres y hermanas–, porque esa casa quedó en el medio de lo peor”, explicó Mario De Elías, el abuelo de la niña.
- El complejo del que se fueron casi todos. Sólo uno de los residentes se mantuvo en el lugar, en la casa más elevada del complejo y la única que no sufrió destrozos
- No fue sólo un “tsunami del cielo”. Esa fue la mayor carencia que reflejó aquella inundación del 15 de febrero de 2015. Una ciudadanía no educada para saber qué hacer frente a semejante desastre y un Estado que tuvo que despertarse cuando el agua ya estaba a la altura del cuello.
- El doloroso aprendizaje de la catástrofe. “Hay un antes y un después de las inundaciones de Sierras Chicas. Después del 15-F, las previsiones para todas las obras públicas deben tener una recurrencia de 500 años, cuando antes eran suficientes 80 o 100”. Estas palabras del director provincial de Vialidad, Osvaldo Vottero, dan una muestra del impacto que tiene aún el desastre del aluvión, del que hoy se cumplen tres años.
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