13 may. 2017

Fotógrafo de aves, ahora va por la protección



La Voz del Interior (13/05/2017)
El embajador de las aves de nuestros bosques

Acumula más de 20 años como fotógrafo de pájaros y es autor de dos libros. Figura clave para la difusión de la ornitología en Córdoba, ahora creó una fundación.
La pasión por fotografiar aves y militar en defensa del ambiente en el que habitan se han convertido, junto con su familia, en los ejes de la vida de Guillermo Galliano.
Este cordobés de 42 años, técnico en Turismo y ornitólogo de vocación, hace más de 20 que se dedica a la fotografía profesional de aves y es uno de los protagonistas en esta provincia del fenómeno de la observación de pájaros que ha crecido notoriamente en aficionados en la última década.
Ha publicado dos libros. El primero, Aves de Córdoba, ya lleva tres ediciones agotadas; y el segundo, Aves en familia, se presentó hace pocos días a sala llena en el CPC de Argüello.
“Hace diez años este marco de público era inimaginable, que hayan venido todos ustedes a ver fotos de aves, en un ámbito urbano congestionado, nos habla de que hay conciencia del cuidado del ambiente, y es una buena noticia”, expresó Galliano el día de la presentación de su segundo libro.
La pasión por las aves lo atrapó desde niño, en la costanera del Suquía, donde vivía entonces. “Como no tenía cámara de fotos, dibujaba los pájaros que veía. Después empecé a fotografiarlos y desde los 20 años ya no paré en mejorar equipos y buscar especies diferentes en distintos lugares”, cuenta Galliano.
Para definirlo, vale una anécdota: en uno de sus cumpleaños se levantó a las cinco de la mañana para fotografiar unas loritas calancante que un vecino, en Unquillo, le reprochaba no haberlas aún registrado. Fue en su búsqueda mientras su familia dormía. Pasaban las horas y Guillermo no respondía los mensajes que le enviaban pidiendo su presencia en el día de su cumpleaños. Así que decidió apagar su teléfono hasta poder dar con las loritas. Tras conseguir la ansiada foto, que forma parte del último libro, regresó a su casa, mientras la familia ya estaba reunida festejando su “cumple”.
El último fin de semana coronó un viejo anhelo: “Hace 20 años que estaba esperando ese día: estar cara a cara con una de las rapaces más emblemáticas y que mayor atracción me generan: el águila pescadora Pandion Haliaetus. Como estamos al límite sur de su distribución, llegan pocas y las posibilidades de avistarla son muy escasas en Córdoba. Durante años, ante el mínimo indicio de que alguien había visto una, allá iba yo. Me pasé días enteros remando y recorriendo márgenes de lagos y lagunas en su busca, y nunca pude ni siquiera observarla. Hasta que el año pasado, amigos del grupo Piscu Yaco me comentaron que la vieron. Empezaron a aparecer los primeros registros fotográficos en Embalse, en noviembre del año pasado. Me fui de madrugada, y a media mañana entre unos sauces la vi. Fue una emoción increíble. Casi la mitad de mi vida buscándola y ahí estaba”, cuenta emocionado.

Ahora, una fundación
Guillermo va por más: ahora apuesta a la Fundación Mil Aves, una organización sin fines de lucro que trabajará para proteger a las aves silvestres y sus ambientes naturales.
“Es sorprendente la reacción de mucha gente que tiene ganas de trabajar en estos temas. En mis inicios era todo muy difícil, no existían tantas herramientas. Con el tiempo fui buscando asesoramiento y se armó un grupo de profesionales y colaboradores que hicieron posible esta fundación”, expone.
La propuesta se centra en tres ejes: educación, conservación e investigación. También se propone implementar programas de monitoreo y conservación de ambientes naturales, con el respaldo de científicos de la Universidad Nacional de Córdoba y del organismo nacional Conicet.
“Todos estos años nos fuimos en­con­trando con muchas personas preocupadas por el deterioro del ambiente y la pérdida de especies. Así le fuimos dando forma a esta idea, que procura dialogar con otras ONGs y entidades guber­namentales para desarrollar soluciones a las amenazas que sufre la naturaleza”, puntualiza Galliano.
El buscador de alas. Amante de los pájaros. Guillermo Galliano nunca dejó la vocación que tuvo desde niño. La pasión por las aves lo ha llevado a recorrer 35 países, y hasta la Antártida, para capturar imágenes y sumar conocimientos de más especies. Esa misma pasión lo ha llevado a treparse a los árboles, esconderse durante horas en pastizales, colgarse en laderas de montañas, meterse hasta la cintura en lagunas o bañados, navegar en bote, subir a helicópteros y avionetas o realizar extensas caminatas solitarias por llanos y sierras.

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