25 feb. 2017

Para la basura “no cambiemos”

La Voz del Interior (25/02/2017)
La ciudad del “no cambiemos”

La decisión de no cambiar el servicio de higiene sería comprensible si Córdoba estuviese limpia.
Mientras toda la UCR se concentra este fin de semana en debatir su lugar en Cambiemos, la administración de la ciudad de Córdoba –uno de los bastiones principales de esa fuerza política a nivel de gestión local– parece empeñada en que casi nada cambie en la capital mediterránea.
Los pliegos de la basura, aprobados el 17 de febrero en primera lectura, son el más fiel reflejo de esa aparente renuncia a transformar los aspectos estructurales de la gestión municipal.
Esos pliegos que definen cómo será a futuro el más costoso y estratégico de los servicios públicos municipales traslucen una actitud de casi total conformidad con la situación actual de la higiene urbana. Si la licitación se lleva adelante en esos términos, es muy poco lo que cambiará en los próximos ocho años. Muchos consideran que ni siquiera cambiarán los nombres de los prestadores que desde hace cinco años operan por contratación directa.
La decisión de no cambiar sería comprensible si la ciudad estuviese limpia.
Pero se trata del más deficitario de los servicios urbanos: más allá de la ingeniería de empresas y de organismos que fabricó la gestión de Ramón Mestre para fraccionar los servicios que antes concentraba la estatal Crese –estrategia que terminó multiplicando costos gerenciales y devolviendo luego a manos municipales algunas prestaciones–, lo concreto es que la ciudad está cada vez más sucia.
La evidencia de que la recolección es deficitaria se observa en centenares de basurales a cielo abierto, en un atraso de décadas en términos ambientales y en una política casi nula de educación ciudadana al respecto.
En un servicio tercerizado, la oportunidad de cambiar las condiciones de la prestación se produce al momento de elaborar los pliegos para licitar. La ciudad está a punto de dejar pasar esa oportunidad. Otra vez.
No es sólo la basura. En cinco años, la gestión municipal cambió poco o nada su operatoria en cuestiones mucho más elementales. Por caso, que las plazas estén en condiciones de ser usadas por los vecinos, que el estacionamiento no sea un caos que entorpece de manera permanente el tránsito, que se cumplan las ordenanzas sobre arbolado urbano, que los semáforos estén sincronizados o que las veredas estén transitables. No parecen cuestiones tan complejas, y tampoco requieren inversiones impagables. De hecho, la mayor parte de las grandes ciudades argentinas suelen tenerlas resueltas.
¿Qué cambió en cinco años? En la primera gestión de Mestre, mejoró sustancialmente la flota del transporte público y se alivió la situación de dos decenas de zonas urbanas gracias a desagües que evitan inundaciones.
Recién ahora, luego de que la ciudad se endeudó en 150 millones de dólares que se pagarán durante los próximos ocho años, se pusieron en marcha –o al menos se licitaron– obras viales, cloacales y de mejoramiento de zonas urbanas que presagian un avance concreto. El recambio de luminarias y la llegada de las led al centro de la ciudad es parte de ese proceso, que durará mientras duren los fondos pedidos en el exterior. Para sus gastos corrientes, la ciudad se sigue financiando con letras del Tesoro.
Es que lo que menos cambió en estos cinco años fue la lógica de hierro del gasto municipal, que deja una porción escasa para atender los problemas concretos de los vecinos y consume la parte del león en sostener a la muy bien pagada administración municipal y, cada vez en mayor proporción, a la basura.

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