4 feb. 2017

El "chichón" y 57 mil toneladas de residuos radiactivos



La Voz del Interior (04/02/2017)
Desidia nuclear

Ahora se debate el destino de esa protuberancia denominada amablemente como "chichón", donde se acumulan 57 mil toneladas de residuos radiactivos. El destino del “chichón” nuclear es incierto
Con los problemas se puede hacer varias cosas, salvo ignorarlos. Aun cuando el ingenio humano es capaz de encararlos argentinamente, creando un problema nuevo para cada ocasión. Lo del “chichón” de la planta de Dioxitex en Alta Córdoba y la abandonada mina de uranio de Los Gigantes son buena muestra de esto último.
Ya es un tema de magnitud que una parte sustancial de la ciudad de Córdoba se haya extendido por los alrededores de una planta que procesa uranio a sólo unas cuadras del Centro de la ciudad. O que dicha planta haya estado cerrada un par de añ os a la espera de una solución que nunca llegó: su traslado a Formosa, a una nueva locación que tardará años en formalizarse. No lo es menos que ahora se haya decidido su reapertura por dos años, que podrán ser muchos más si se tienen en cuenta los abrumadores datos acumulados en el tratamiento –el no tratamiento– de la cuestión.
Ni siquiera debería mencionarse que, así como se decidió su clausura, la reapertura debió ser tratada a la vista de todos y no con una negociación entre el municipio y la Nación sobre la que no se informó a nadie.
Pero como los problemas tienen la extraña costumbre de reproducirse sin consultar a los funcionarios, ahora se debate el destino de esa protuberancia amablemente denominada “chichón”, donde se acumulan 57 mil toneladas de residuos radiactivos.
Allí es donde entra a tallar la olvidada mina de uranio de Los Gigantes, otro problema que en 27 años no hemos encarado, con una enorme capacidad de contaminación de los cursos de agua de la región y que, para delicia de los encargados del tema, se ha autorremediado, al menos en parte y como para darles la razón a quienes sostienen que al fin de cuentas las cosas se arreglan solas. Puesta a prueba nuestra innegable capacidad para complicar las cosas, ahora el municipio y la Nación están considerando la posibilidad de trasladar el “chichón” de marras a Los Gigantes.
O sea trasladar el problema que no pudimos solucionar en Alta Córdoba, a efectos de engrosar el problema que por casi tres décadas no solucionamos en Los Gigantes. Una demostración palmaria de nuestra inefable creatividad. Que, por cierto, habilita un nuevo debate: el transporte de esas toneladas de residuos en un recorrido de 85 kilómetros, lo que muchos desaconsejan.
Como esta vez la Provincia se opone, puede que el tema quede otra vez en la nada y dentro de dos años volvamos a ocuparnos de la cuestión, anoticiados de que la nueva planta de Formosa no se terminó a tiempo; una buena ocasión para recordar al “chichón” de Alta Córdoba y la mina de Los Gigantes, que seguirán allí donde están, recordándonos nuestra extraña costumbre de dejar que los problemas se solucionen solos, sabedores de lo que ocurre cuando nos ponemos en plan de remediarlos.

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