28 ene. 2017

Idas y vueltas con la basura sin resultados

La Voz del Interior (28/01/2017)
Cinco años después, más basura y más gasto

Hace justo cinco años que el municipio desarticuló la empresa Crese. Los resultados, en casi todos los frentes, cuestionan aquella decisión de Mestre. Córdoba se apresta a dejar pasar lo que una licitación de la basura ofrece como oportunidad de cambio.
Hace justo cinco años que la gestión de Ramón Mestre desar­ticuló la empresa municipal Crese y contrató, de manera directa y “transitoria”, a Lusa y Cotreco.
No fue esa la única consecuencia de aquella decisión de terminar con el servicio municipal. Repasemos:
Continuó Crese en su versión residual, con unos 300 recolectores para operar el precario enterramiento de Piedra Blanca.
En 2013 creó Cormecor, la firma intermunicipal que desde entonces proyecta cómo será el futuro enterramiento cercano a Villa Parque Santa Ana, pero que no ha podido siquiera alambrar el nuevo predio, entre otras cosas, por la resistencia de los vecinos al prometido Complejo Ambiental que harían inversores privados.
En 2016 se creó el Ente de Servicios y Obras Públicas (Esop), que supuestamente iba a liberar al municipio de las trabas que impone el Suoem en la gestión de las obras públicas, y terminó dedicándose a barrer las calles. Ese ente hoy emplea directamente a 1.154 empleados que antes dependían de Crese, Lusa y Cotreco.
El principal argumento a la hora de desmembrar la Crese estatal, fue ponerle un límite al poderoso gremio de los recolectores (Surrbac) y frenar el millonario déficit que generaba esa firma municipal.
Paradójicamente, el gasto en basura insume cada vez más recursos, el municipio sigue siendo el principal empleador –hoy tiene 1.154 empleados del sistema de higiene, mientras que Lusa tiene 407 empleados y Cotreco, 541– y el poder prepotente del Surrbac nunca fue controlado.
Todo lo contrario: al separarse de Camioneros, el Surrbac impuso aumentos salariales todavía más elevados que los de los Moyano y además obligó al municipio a pagarles a los recolectores millonarias indemnizaciones anticipadas. Sus máximos dirigentes integran los nuevos directorios creados por Mestre y, en algunos casos, hasta proveen de bienes y servicios a Crese y al Esop. Esas contrataciones están siendo investigadas por la Justicia.
El municipio, además, sumó gracias a esos nuevos directorios decenas de sueldos gerenciales que antes no existían. Este año se registrará un verdadero récord: la ciudad destinará unos 3.600 millones de pesos a la basura.
¿Qué pasó –mientras todo esto ocurría– con el servicio que reciben los vecinos? Nunca cambió para bien: los basurales a cielo abierto son más que en 2012; el problema de los carreros sigue irresuelto; la recolección diferenciada disminuyó; los servicios de retiro de escombros y restos de poda son azarosos y el estado general de la higiene nunca registró una mejora sustancial.
En cualquier barrio hay evidencias de que cada día queda en la calle basura que debía ser recogida por los servicios que paga el municipio. De otro modo, no existirían los basurales a cielo abierto.
A cinco años de aquella aventurada decisión de desmembrar Crese por no poder controlarla, la gestión de Ramón Mestre considera necesario que el Concejo trate de urgencia –en extraordinarias– los pliegos para una nueva licitación del servicio de recolección de la basura.
Para que se entienda: el objetivo es firmar contratos a ocho años que terminen con la precariedad de los convenios que hoy tienen Lusa y Cotreco.
El servicio que exigen los nuevos pliegos es muy similar al que hoy prestan esas empresas. Además, impiden que se presenten firmas extranjeras, así que la competencia que pueden enfrentar las actuales prestatarias está acotada. Los conocedores del siempre cartelizado negocio de la basura estiman que, cuanto más, podrá sumarse una nueva empresa a las dos existentes.
Las licitaciones de la basura son, en todo el mundo, grandes desafíos para la transparencia. Pero también grandes oportunidades para la gestión urbana: por los cambios que permiten en términos de sustentabilidad, y por la oportunidad de inversión privada que pueden significar en una actividad que –cada vez más– demanda automatización.
Córdoba se apresta a dejar pasar lo que una licitación de la basura ofrece como oportunidad de cambio.

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