13 nov. 2016

"El hombre de los pájaros" triste

La Voz de San Justo (13/11/2016)
El 8 de diciembre, el día más triste para "el hombre de los pájaros"

El 8 de diciembre, Carlos Marchisio –a quien se lo conoce como el “señor de los pájaros”, por su dedicación a la difusión y conservación de las aves de nuestra región-, director del Museo de Ciencias Naturales “Darío Izurietade”, cumplirá 58 años de vida y 20 dedicados a la conservación de aves autóctonas y piezas naturales.
Sin embargo, ese día no será de festejo. Carlos baja los brazos luego de una larga lucha por tener un espacio físico para instalar su museo.
Con enorme tristeza, el coleccionista y conservacionista aficionado se despojará de dos décadas de cuidado, restauración y conservación de más de 500 elementos de la avifauna regional del noreste cordobés.
“Lamentablemente, tomé la decisión de deshacerme de ellos porque hace años que estoy buscando un lugar donde alojar las cientos de piezas que tengo porque esto es un patrimonio de la ciudad. Si no tenemos un lugar donde informar y mostrar todo esto, es imposible mantenerlo”, manifestó Marchisio.
“Será el 8 de diciembre en el día  de mi cumpleaños. Esto nació y creció conmigo y mi familia pero el día que tire todo quiero que perdure en mi memoria. Ese día muere ‘el hombre de los pájaros’ porque se terminó todo”, se lamentó.
Desde hace más de 20 años, Marchisio es el encargado de la planta municipal de tratamiento de líquidos cloacales. En ese predio se encuentran seis lagunas de tratamiento, de casi una hectárea cada una. Allí conviven una rica variedad de aves acuáticas y es punto de asentamiento para diferentes especies de aves migratorias.
En ese predio municipal, en 1997, Marchisio abrió el museo, del que ahora deberña deshacerse por no contar con una sede adecuada.
Dentro de la amplia colección que cuida Marchisio hay huevos, plumas, cráneos, picos, huesos, animales embalsamados resguardados cuidadosamente por el hombre, su familia y algunos amigos. “El 50 por ciento de los elementos que atesoro fueron donados porque la gente sabe que yo lo guardo pero ya no puedo más, a nadie le importa”.
Para mantener su colección, Marchisio recolectó papel y otras piezas reciclables para después venderlas y  con ese dinero comprar los materiales necesarios para la conservación. “El problema de las piezas es que al no tener su cuidado, empiezan a tener moho, telas de araña y otras cuestiones a causa de la humedad”, dijo.
El Museo Darío Yzurieta funcionó hasta el año 2000 en el exrelleno sanitario de nuestra ciudad, luego se mudó a la municipalidad de Quebracho Herrado y después de algunos años, regresó al predio sanfrancisqueño hasta que en 2013 cerró por falta de espacio. “El problema de Museo es que siempre deambuló y nunca tuvo su propio espacio, no por falta de ganas de trabajar y cuidarlo”.
“Este museo no es mío, es de todos los sanfrancisqueños. No pido plata, pido un lugar nada más”, exhortó Marchisio.
“Gracias a LA VOZ DE SAN JUSTO pude contener esto, que la gente se interese y llegue pero si no lo traslado a la ciudad, a nadie le interesa el esfuerzo y la importancia que tiene todo esto”, concluyó el hombre.
“¡Cuanto lo siento!. Me niego a tirar a la basura este Museo, no es justo que este proyecto termine así. Merecía un lugar donde instalarse; lo merecía porque acercaba información a toda la ciudad y la región; porque conserva elementos inéditos sobre las Ciencias Naturales del lugar; porque siempre lo acerqué cuando solicitaron su muestra y se presentó varias veces en San Francisco, en Arroyito y pueblos de la región, descontando que en cada presentación fue un éxito por las visitas y el interés demostrado, pero ¿por qué no alcanzó?”, se pregunta Marchisio.
“Es el primer Museo de Ciencias Naturales que homenajea a un señor ornitólogo como lo fue Darío Yzurieta, cordobés de adopción; un señor que dejó a nuestra provincia todo su amor, tiempo, esfuerzos en sus trabajo bibliográficos y fue reconocido no solo a nivel nacional sino también internacional”, agregó.
“Con mi mayor esfuerzo fue naciendo este Museo, se formó, creció, lo conocieron pero truncaron su desarrollo dejándolo sin espacio físico”.
“Solo me queda resignarme y despedirte a mi Museo”, concluyó el hombre que empezó su colección empujado por la muerte de seis cisnes cuello negro a manos de un cazador en las lagunas de San Francisco y la llegada de estudiantes del Profesorado de Ciencias Naturales y Biológicas del Instituto Inmaculada Concepción (hoy Fasta) para realizar su tesis final.

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