17 jul. 2016

Mar Chiquita viene subiendo de nivel



La Voz del Interior (17/07/2016)
La Mar Chiquita no para de crecer, ¿volverá el pejerrey a sus aguas?

La gigantesca laguna viene subiendo de nivel. En un área puntual se ha vuelto a pescar. El grado de salinidad es la clave. Miramar observa de reojo el aumento de agua, que a fines de los ’70 dejó media ciudad inundada.
La quinta laguna salada más grande del mundo va y viene. Sube y baja, a través de los siglos. Ahora, la cordobesa Mar Chiquita está en etapa de “engorde”, de la mano de las lluvias que en los últimos tres años han sido superiores a lo habitual. Ese fenómeno se hace visible en Miramar, la única localidad costera, donde el agua se aproxima a la nueva costanera.
A más agua, menor salinidad. Esos cambios generan efectos: uno es la reaparición, por ahora sólo incipiente, del pejerrey, un pez que durante las décadas de 1980 y 1990 generó un gran atractivo para pescadores deportivos y comerciales.
En Miramar observan la novedad de reojo: para que abunde el pejerrey “la mar” debe tener tanta agua como para ocupar las playas que esa localidad recreó para el turismo recreativo.
Lo cierto es que en un sector ha vuelto a pescarse pejerrey. Se trata de la zona conocida como Laguna del Plata, una especie de golfo donde la desembocadura del río Suquía aporta agua dulce y en la que siempre se mantuvo latente esa especie. El año pasado empezaron a verse pejerreyes y se prohibió la pesca. En el resto de la laguna ni valía la pena prohibirla: no existían.
Días atrás, la Secretaría de Ambiente de Córdoba resolvió levantar la veda en esa zona, cercana a las localidades de La Para y Marull, donde décadas atrás florecieron los campings para pescadores. Como se ha registrado una mayor presencia del pez, se permite ahora la pesca deportiva, mientras sea con caña (sin redes), con carné habilitante y sólo en horario diurno.
Desde Ambiente se aclaró que se trata de “una prueba piloto” para ir midiendo la evolución en esa área y que desde fines de agosto y durante septiembre y noviembre volverá la veda para proteger el periodo de desove.
Víctor Piana, secretario de Obras de La Para, contó que en 2014 ese municipio hizo una “siembra” masiva del pez para probar suerte. “Y en 2015 vino esa creciente enorme del Suquía. Entre una cosa y otra empezó a pescarse de nuevo”, indicó. “Hacia nueve años que había desaparecido. Ahora se ven pescadores todos los días y está bueno; el tema es poder controlar que no aparezcan las redes que depredan”, advirtió.

El que más sabe
El doctor en biología Enrique Bucher lleva décadas investigando la laguna, sobre la que ha escrito libros y desarrollado numerosos trabajos científicos. “Hoy está en unos 45 gramos de sal por litro de agua. En el último verano estaba en 55. Cuando menos agua tuvo, hace 100 años, llegó a los 320 gramos. Y cuando más creció se llegó a medir apenas 25”, graficó Bucher sobre los cambiantes niveles de salinidad. Para comparar, los océanos en promedio tienen unos 32 gramos por litro.
Respecto de si el actual nivel de sal permite avizorar la reapa­rición del pejerrey, el científico ­señaló que “si en los meses siguientes entra más agua, es probable”. Precisó que para la proliferación del pez haría falta que baje de los 40 gramos por litro y por mucho tiempo.
“Ahora puede haber en las de­sembocaduras de ríos, de donde nunca se fue del todo. Pero para que se extienda, como ocurrió décadas atrás, depende de que llueva más y crezca la laguna”, remarcó. Además, para una presencia extendida harían falta varios años de muy alto nivel.
Según Bucher, a la laguna le faltan hoy más de dos metros ­para igualar la crecida de 2003, la ­mayor que se recuerde, superior incluso a la que a fines de la década de 1970 dejó bajo agua a media Miramar. En los últimos años, en esa localidad se construyó una nueva defensa sobre la linea de costanera, que –se supone– no debería ser sobrepasada por la mayor creciente posible.
En las décadas de 1980 y 1990 la presencia del pejerrey atraía a miles de pescadores y hasta generó emprendimientos de pesca comercial. Ese proceso se dio a la vez que en Miramar el turismo había desaparecido.

Lo bueno para la pesca es lo temido por los vecinos
“Lo que es bueno para el pejerrey suele ser malo para Miramar”, sintetiza Juan Cienzia, presidente de la Asociación de Amigos del Museo de Ciencias Naturales de Miramar.
De ese modo, reflejó la impresión en ese pueblo que espera que “la mar” no se aleje mucho de su costanera, pero tampoco que inunde sus playas.
Miramar renació en la última década como centro turístico luego de la debacle por las inundaciones de 40 años atrás. Según contó, no se ve por ahora movimiento de pescadores, “salvo en la Laguna del Plata, cerca de La Para, donde hay agua dulce del río y además sembraron”.
“Para que haya más pejerrey en toda la laguna haría falta aún más agua, pero en Miramar esperamos que eso no ocurra”, señaló.

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