6 abr. 2016

Y si en vez de Minidiques protegemos los bosques?



La Voz del Interior (06/04/2016)
¿Minidiques o protección de suelos serranos?

La Provincia anunció represas para regular varios ríos. Ambientalistas plantean que mejor sería cuidar las cuencas.
R etener el agua cuando se va yendo. O antes de que se vaya. Tal parece el punto de discusión sobre los proyectos anunciados por el Gobierno de la Provincia para construir una serie de minidiques que contengan las crecidas de ríos, en varias cuencas.
Tal como adelantó este diario el domingo pasado, la Provincia descarta sumar nuevos embalses a la geografía cordobesa, pero ante los pronósticos de cambio climático y lluvias más severas, y tras las crecidas de los últimos tres veranos, planifica construir una docena de represas pequeñas, que acumularán agua cuando haya excesos hídricos y podrán estar semivacías en épocas sin precipitaciones.
Desde ONG ambientalistas y ámbitos académicos con esa perspectiva plantean sus dudas de si la suma de obras de ingeniería serán la mejor solución para mitigar las crecidas destructivas.

Primero, lanzado
Esta semana, el Gobierno anunció la licitación inminente del primero de esos minidiques, en la cuenca del río Jesús María.
Se trata de una obra sobre el río Carapé, afluente del Ascochinga, que costará 140 millones de pesos, y al que se sumarían luego otros tres en la misma región (uno sobre el río San Miguel y otros dos sobre el Santa Catalina).
“El objetivo es amortiguar los excedentes de los ríos, liberando los caudales de crecida a un valor manejable”, precisaron funcionarios de Recursos Hídricos en Jesús María.
En el sur provincial, hace una década se construyeron cuatro represas de ese tipo tras años de desbordes hídricos. Ahora, la idea es sumar más, entre los que quedaron pendientes en el sur, más Sierras Chicas y la cuenca del Jesús María.
En Recursos Hídricos comparan: la crecida del 15 de febrero de 2015 vio pasar por Jesús María unos 1.100 metros cúbicos por segundo, y si se culminan los cuatros diques secos sobre esa cuenca, la retención equivaldría a que no sean más de 300 los que lleguen.

Otra mirada
“El principal dique siempre fueron los suelos y la vegetación en las Sierras, que retienen el agua arriba, antes de que baje. Conservar suelos asegura agua cuando falta, en invierno, y retenerla cuando sobra, en verano. No estoy en contra de soluciones ingenieriles, de hecho hay diques que han sido muy útiles, pero falta una visión integral, ecohidrológica”, planteó Diego Gurvich, biólogo, docente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e investigador del Conicet con varios trabajos sobre el territorio serrano.
“Económicamente, es hasta más rentable conservar bosques y suelos que hacer obras de costo millonario. Si esos recursos se destinaran a planes serios de reforestación serrana, y se controlara mejor los incendios, el sobrepastoreo y las nuevas urbanizaciones sobre sectores sensibles, quizá el resultado sería mejor, sobre todo a largo plazo”, apuntó Gurvich.
Un dato le basta para predicar su planteo: “Por ejemplo, hemos medido que las lluvias tras incendios serranos se llevan en promedio tres milímetros de suelo. Eso representa 30 toneladas por hectárea. Es enorme la pérdida cuando no se preserva suelo. Con ausencia de suelos, cada vez baja más agua por los ríos y arroyos”.
Ricardo Suárez, también biólogo y referente en tareas de reforestación en Sierras Chicas, dibuja la escena con similares trazos: “No creo que los diques sean la solución ideal. Por su tamaño, se colmatarán de sedimentos muy rápido, sobre todo porque nada se hace para evitar la pérdida de suelos en la cuenca superior. Además, ante grandes lluvias no darán abasto. El dique La Quebrada es bastante más grande que estos que proyectan, y no alcanzó para retener el agua en Sierras Chicas el año pasado”, opinó.
Suárez comentó que “hay estudios en el mundo que muestran que los bosques son más efectivos que los diques”, y planteó que la erosión de suelos serranos genera que las crecidas arrastren esos sedimentos y sumen más fuerza destructiva, agravando los daños.
“En vez de gastar millones en obras, que evalúen destinarlo a proteger las cuencas, reforestar en serio y hasta en comprar zonas vitales para hacer verdaderas reservas, que serán los mejores diques”, completó Suárez.

Arriba y abajo
El biólogo Diego Gurvich sugirió que “se ataquen los dos problemas a la vez, con alguna obra de ingeniería cuenca abajo, pero cuidando mejor alguna vez el ecosistema serrano, arriba”.

Sobre los ríos Carapé y San Miguel
El primero. El dique sobre el río Carapé será el primero por ejecutar. Según anunció esta semana el gobernador Juan Schiaretti, será licitado en los próximos días. Costará 140 millones de pesos y será financiado en partes iguales por Provincia y Nación. Si se repleta, ocupará 20 hectáreas, con un volumen de hasta un millón de metros cúbicos de agua. El dique tendrá 20,5 metros de alto y 104,5 metros de longitud. Demandará la relocalización de unos tres kilómetros de la ruta E-66.
Ahí nomás. Sobre el río San Miguel se prevé sumar uno similar. Ambos cursos de agua forman el río Ascochinga, tributario del río Jesús María.

Sobre el río Santa Catalina
Dos más. En la misma región de Ascochinga, al norte de Sierras Chicas, sobre el río Santa Catalina, que también tributa al río Jesús María, la Secretaría de Recursos Hídricos de la Provincia prevé construir otros dos minidiques de regulación de crecidas. Hasta ahora, sólo el caso del Carapé tiene proyecto definido, plazo de ejecución inmediato y financiamiento comprometido. Para la cercana región de Sierras Chicas, pero sobre otra cuenca hídrica (relacionada con los cursos de agua que atraviesan Río Ceballos, Unquillo y otras localidades), están en estudio similares represas secas, probablemente ubicables en Cabana y Villa Allende.

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