27 feb. 2016

La decadencia ambiental de córdoba capital

La Voz del Interior (27/02/2016)
Las batallas perdidas de la calidad de vida

Ciclovías, monitoreo del aire que respiramos, ­árboles, parques y hasta la onda verde de los semáforos vienen en retroceso desde hace demasiados años en la ciudad.
Hace 20 años, Córdoba disputaba con Curitiba el primer puesto en el ranking de ciudades latinoamericanas con más ciclovías. Algunos de los tramos de entonces ya no existen, otros están muy deteriorados o no se usan por la ­inseguridad, y de los 116 kilómetros de sendas que sobreviven, los que se construyeron hace menos de 15 años representan un porcentaje muy pequeño, aunque hace cinco años se anuncia un proyecto para hacer 42 nuevos kilómetros de ciclovías que aún no comenzó.
En 1997, la ciudad de Córdoba también fue una de las primeras del país en monitorear la calidad del aire que respiran sus habitantes. El municipio disponía de equipos móviles y un Laboratorio Ambiental. Ese programa ­dejó de existir en 2001. Esta semana fue la Justicia la que actuó contra particulares por la contaminación que genera el humo negro de sus vehículos, pero hace años que el aire dejó de ser una preocupación municipal.
La lista de las causas que hace 20 años ocupaban a funcionarios, alentaban campañas públicas y comenzaban a cambiar lentamente actitudes ciudadanas y hoy se convirtieron en causas perdidas para la calidad de vida ur­bana es mucho más larga y afecta aspectos de muy diversa índole.
En tanto, el tránsito concentra varias de esas pérdidas. La noción de onda verde, por ejemplo, casi se extinguió de los semáforos cor­dobeses y las demoras en la circulación crecen.
Hay centenares de parquímetros que también fueron instalados hace más de 20 años y ya no funcionan. Y el descontrol del estacionamiento resta capacidad a calles colapsadas, además de impulsar la apropiación del espacio público por parte de cuidadores informales y multiplicar los conflictos. Hace 20 años, la tracción a sangre era casi nula en el Centro y hoy es habitual.
La situación del arbolado público ofrece otro ejemplo. Pese a que decenas de miles de arbolitos recién plantados eran en los ’90 el eje del marketing municipal, un censo de árboles realizado por el municipio en 2001 indicó que a la ciudad le faltaba un millón de ejemplares para llegar al mínimo que fijan los parámetros de Naciones Unidas. Desde entonces, la situación nunca dejó de empeorar: no sólo falta casi la mitad de los árboles que debe colocar y cuidar cada frentista, sino que el estado de conservación de los ejemplares existentes no registra control alguno y tampoco se sanciona el cotidiano arboricidio que se observa en las calles.
La incorporación de espacios verdes también fue una causa olvidada para el municipio desde fines de los ’90. La superficie de parques y plazas por habitante se estancó casi por completo, hasta que en los últimos años fue la Provincia la que ejecutó dos nuevos parques: el de las Tejas y el del Kempes.
Decenas de focos sépticos por desbordes cloacales y un empeoramiento casi constante de la higiene urbana también forman parte de esa postal degradada de la calidad de vida colectiva.
Esa búsqueda, en Córdoba, se volvió individual desde hace ya muchos años y suele resolverse en barrios privados o en ciudades dormitorio. El espacio urbano la dejó de lado. Y se nota.

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