24 ago 2009

El vaso medio (bastante) vacío

La Voz del Interior (24/08/2009)
El vaso medio (bastante) vacío

El uso del agua, considerado el recurso más estratégico del siglo, merece más cuidado y atención de sus mayores beneficiados: los ciudadanos que la consumen. Por
La historia del acceso y la utilización del agua es claramente cultural y guarda relación con muchos de los avances del siglo 20: la humanidad luchó denodadamente por conseguirlos durante una parte importante de la centuria; y luego, en el presente, los dilapidamos. Pero los culpables no sólo son grandes empresas, políticos, o grupos de poder. Cada día nosotros, los ciudadanos insignificantes de ésta y cualquier ciudad, descuidamos un recurso considerado el más estratégico del siglo.
Puesto a establecer si el vaso está medio lleno, o medio vacío, a pesar del optimismo que nos caracteriza como cordobeses, en el caso de la problemática del agua (perfectamente podría decirse las problemáticas, ya que confluyen en la canilla varias cuestiones como la potabilidad, la disponibilidad, o la reserva futura) debemos desconfiar del vaso supuestamente “medio lleno”. Sin embargo, tal vez lo más preocupante del asunto es que, si llueve entre la noche que tomó redactar esta columna de opinión y la mañana de su publicación en La Voz del Interior, tal vez nunca llegue a ser impresa. El agua es noticia cuando pareciera que se va a acabar, pero nunca porque se va a acabar.
Todo texto sobre el tema empieza diciendo que el agua dulce es muy reducida (sólo tres por ciento total del disponible en globo), que Argentina tiene una buena posición respecto de otros países (país 43° por sus reservas futuras), y que del total del agua dulce sólo la mitad es potable. También se estila decir que el consumo de agua por habitante aumentó en 50 por ciento en las últimas décadas, y que esa población humana que consume más agua se ha multiplicado en el mismo período. Muchos autores señalarían que por regla general, casi 70 por ciento del agua que se consume en el mundo se destina al sector agrícola, y 20 por ciento al sector industrial.
Antes de empezar a hablar del uso de nuestro porcentaje (el 10 por ciento restante) vale comentar que numerosos investigadores están de acuerdo en que “80 por ciento de todas las enfermedades y 33 por ciento de las muertes en los países en desarrollo están relacionados con la inadecuada calidad del agua”. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) informó que “cuatro de cada cinco enfermedades endémicas en los países en vías de desarrollo se deben al agua sucia o a la falta de instalaciones sanitarias”.
Dice Unicef que se ha conseguido que 83 por ciento de la población del mundo tenga acceso a fuentes mejoradas de agua, y destaca que en África subsahariana y Asia meridional dos tercios de la población no tiene agua, o la que tienen no es apta para consumo humano.Pero el problema no está tan lejos: Bolivia tiene problemas de agua y de potabilización, según describen las estadísticas de Unicef, y la Argentina tampoco está exenta.
Según la investigadora Cecilia Moltoni, en Córdoba, los departamentos del oeste y noroeste tienen problemas respecto de la cantidad y calidad del agua. Fuentes subterráneas, por la escasa inversión, no se han transformado en soluciones concretas. Como consecuencia, cientos de parajes rurales (como la comuna de Ciénaga del Coro, entre otros) representan una escena que no dista tanto de los países nombrados: docenas de cordobeses peregrinan por varios kilómetros con carros, baldes y tachos para buscar el agua para sus necesidades.
Nosotros también. En la Argentina, según la OMS, 98 por ciento de los habitantes urbanos y 80 por ciento de quienes viven en áreas rurales poseen agua corriente y potable, pero aclara que utilizando “una definición amplia” y, siempre según el Programa de Monitoreo Conjunto OMS/Unicef, si se restringe la definición (tal vez restringida al tipo de agua que el lector querría beber) resulta que 79 por ciento de los habitantes de áreas urbanas tiene acceso a agua corriente y potable. A pesar de que las cifras parecen buenas, se podrían leer al revés: hay 21 por ciento de argentinos que viven en ciudades y no tienen agua de calidad.
Otro problema serio, según diversos organismos internacionales es, además de las enfermedades derivadas de la mala calidad del agua, que en nuestro país la seriedad de los controles a las industrias que contaminan el agua es débil y que en las zonas rurales los agroquímicos (según el Informe nacional sobre la gestión del agua en Argentina, publicado por el Cepal) afectan a numerosos recursos hídricos. En ese sentido, el directorio ecológico y natural (Ecoportal) publica una nota en la que se señala que “los ríos de la Plata, Carcarañá, Paraná, Salado del Norte, Salado del Sur y Colorado se encuentran entre los más contaminados del mundo. El lago San Roque que abastece de agua a la ciudad de Córdoba, tiene problemas de eutrofización”.
En la misma nota se destaca que en la cuenca Riachuelo/Matanza sólo 65 por ciento de los habitantes tiene agua potable debido a la presencia de miles de empresas que desechan sus residuos tóxicos en la zona.
Sí: Nosotros también. Pero en Córdoba los malos no sólo son las industrias, el prestador o la falta de previsión política. Las ciudades serranas de las cercanías que están quedándose sin agua al mismo tiempo que su población se duplica o triplica, han talado miles de hectáreas de bosque autóctono que necesitaba de condiciones de humedad como las que el suelo le podía ofrecer, para dar lugar a barrios cerrados y urbanizaciones con céspedes foráneos que demandan de varios riegos diarios.
Según estudios realizados por Procuraduría Federal del Consumidor en México, una manguera estándar consume entre 10 y 18 litros de agua por minuto. Si regamos en Río Ceballos o en Córdoba Capital durante 20 minutos, habremos usado no menos de 200 litros de agua perfectamente potable.
Si lavamos el auto en casa, haremos el mismo consumo, pero si utilizamos una hidrolavadora duplicaremos la cantidad requerida. El mismo estudio, e inclusive el portal argentino Educ.ar, consideran que en cada ducha una persona puede gastar entre 100 y 200 litros, y que algo parecido se puede ir en baldear la vereda.
Para seguir amargándonos, dejar la canilla abierta al afeitarnos puede demandar unos 75 litros de agua (que si nos afeitamos a diario son 525 litros a la semana, o 2.250 litros al mes). Algo parecido pasa en casi la totalidad de los hogares cordobeses y, dado que son pocos quienes tienen medidores de agua, cuando alguien se lava los dientes deja pasar 20 litros, lo que obliga al siguiente cálculo: cuatro personas, 80 litros diarios; 2.400 litros mensuales.
Con una canilla que pierde, o al lavar los platos (cuestión que le explicaré a mi esposa para saltearme esa responsabilidad) todos seguimos vaciando diques. Concretamente, de los más de 200 litros de agua diarios que todos consumimos, sólo nos tomamos cuatro vasos. Casi un litro diario.

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