11 mar 2009

Los bosques nativos y las aves silvestres

La Voz del Interior (11/03/2009)
Los bosques nativos y las aves silvestres

Por Manuel Nores - Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)

Contrariamente a lo que han sostenido algunos, hay bosques en la provincia que están lejos de ser un fachinal y cumplen un importante rol para la preservación de 100 especies.
La provincia de Córdoba, desde sus orígenes, ha estado cubierta de bosques nativos a lo largo y ancho de su territorio, con la excepción del extremo sudeste, el piso superior de las sierras, las Salinas Grandes y los bañados del Río Dulce, al norte de la laguna Mar Chiquita.
Con la expansión de las fronteras agropecuarias, los bosques de llanura, ubicados al este de las sierras, fueron sistemática y progresivamente devastados, a tal punto que en la actualidad se encuentran representados solamente por fragmentos, generalmente de tamaño pequeño, que en conjunto no sobrepasan el cinco por ciento de la superficie que cubría el bosque original. Estos bosques remanentes presentan distintos grados de conservación que van desde una condición similar a la del bosque prístino a otra en donde se ha alterado la vegetación por tala y ganadería, pero que a pesar de eso mantienen todavía una aceptable estructura de la vegetación.
Contrariamente a lo expresado recientemente en una nota publicada en este diario el último 3 de marzo, escrita por dos “máquinas” de escribir mentiras y errores (asesores de la Sociedad Rural de Jesús María), estos bosques están lejos de ser un fachinal y de necesitar 300 años para su recuperación. No sólo no necesitan 300 años, sino que tampoco necesitan 200, 100, 10, un mes, un día. Cumplen en el presente un importantísimo rol para la supervivencia de más de 100 especies de aves que encuentran allí todos los requerimientos necesarios para completar su ciclo biológico, es decir establecer territorios de alimentación y reproducción, construir los nidos, incubar los huevos, criar los pichones y, luego, pasar allí la época no reproductiva, o sea el otoño/invierno.
Veinte años de investigación. Durante más de 20 años hemos realizado con el doctor Sebastián Dardanelli, ahora en el extranjero, un detallado estudio de la avifauna de estos fragmentos, pero no como fundamentalistas, filántropos, burócratas, esnobistas o partidarios o contrarios al Gobierno o al campo, sino como investigador y becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
Los resultados de ese trabajo han sido volcados en la tesis doctoral del doctor Dardanelli, que puede ser consultada en la Universidad Nacional de Córdoba y en dos artículos publicados, uno en la revista inglesa Diversity and Distribution, en 2006, y el otro en la revista Acta Zoológica Lilloana, del Instituto Miguel Lillo de Tucumán, de 2007.
Uno de los resultados importantes obtenidos en el estudio ha sido poder determinar que los fragmentos de bosques remanentes, incluso los de muy pequeño tamaño, tienen una buena importancia para la conservación de las aves y otros organismos. Para que se tome una idea de esta aseveración, cabe mencionar que en fragmentos de sólo una hectárea habitan aproximadamente 40 especies de aves. Otro resultado valorable del trabajo ha sido determinar que 60 por ciento de las 54 especies que son exclusivas del bosque no necesita más que una hectárea para cubrir todos sus requerimientos biológicos y el 80 por ciento (43 especies) no necesita más que tres hectáreas. De todos modos, esto no significa que uno o pocos fragmentos de 1 a 3 hectáreas puedan asegurar la supervivencia del 80 por ciento de las especies. Se necesita una buena cantidad de fragmentos de diferentes tamaños, al menos como los que quedan actualmente, para asegurar la conservación de las especies. No obstante, hay nueve especies (16,7 por ciento) que necesitan al menos 80 hectáreas para sobrevivir y otras tantas (ocho especies) ya se habrían extinguido localmente por efectos de la fragmentación. Estas especies, como la martineta común, la chuña de patas negras, la charata y el loro hablador, habitan actualmente otros bosques continuos de la provincia.
Después de más de 20 años de estudiar la avifauna y otros aspectos de estos remanentes de bosques, me pregunto si estas personas que escribieron la nota han pretendido por medio de mentiras y engaños crear una situación favorable para arrasar con el resto de los bosques que quedan en la provincia o si su desconocimiento del tema les ha llevado a actuar ingenuamente pensando que una actitud de este tipo, que tendría efectos drásticos sobre la flora y fauna de la provincia y de las generaciones futuras, podría ser una solución para el campo y los productores.

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