7 feb 2009

Basura: usted es lo que ensucia

La Voz del Interior (07/02/2009)
Basura: usted es lo que ensucia

La recolección de residuos volvió a ser municipal. ¿No es una buena noticia? ¿Cuánto tardaremos en malograrla?
Como dice la canción, o el lustrín de la esquina, las pequeñas cosas hacen grandes diferencias. Esta semana ocurrió un hecho relevante para la vida cordobesa: la recolección de residuos volvió a la órbita del municipio, tras una larga década en que le dio de ganar a alguien. Nunca tanto como en Nápoles, por cierto, donde tuvo que intervenir hasta la Otan para que dejaran de pelearse por un negocio al que la sociedad de consumo y desperdicio ha vuelto indispensable y lucrativo.
Decimos así porque en nuestra infancia no se tiraba nada, dado que rara vez sobraba plata. La carne arrancaba al horno con papas y terminaba sopa o salpicón; un vestido devenía pollera o pañuelo; la plancha era hereditaria; los pañales se hacían y lavaban a mano; de una torta no quedaban ni las migas y la gaseosa (en caso de haber nacido cuando ya existían) se tomaba a razón de un vaso por domingo.
Estas postales son tema frecuente de conversación, a medida que la sociedad envejece. Nadie conserva un mal recuerdo de aquellas privaciones, acaso porque cuando pudieron tener de todo descubrieron que no los hacía felices.

Huelga no, “please”
Otra vez nos fuimos por las ramas, para no errarle. ¿En qué estábamos? En la recolección de residuos, que pasó de Cliba a Crese. Las dos últimas siglas corresponden a Sociedad del Estado que, en este caso y de entrada nomás, tuvo que comprometer al gremio a no hacer paros en los primeros meses. En momentos en que el mundo tirita por la pérdida de empleos, la amenaza de huelga es una curiosa forma de honrar al trabajo. Pero acaso es parte de lo que somos, o en lo que nos hemos convertido. En la misma línea, es difícil aseverar si antes éramos más limpios y educados, o simplemente producíamos poca basura.
En la actualidad generamos quintales de deshechos que arruinan el entorno y contaminan el ambiente, porque el plástico no es biodegradable. Esta semana fue hermoso ver a los vecinos saludando a los basureros (perdón, recolectores), y hasta sacándose fotos con ellos. Lo cual no garantiza que colaboremos o tengamos conciencia de que la desaprensión puede malograr un intento concreto de recuperar un servicio privatizado.
La crisis, acá. Cada cinco años se vuelve a oír que, en otros idiomas, “crisis” significa crecimiento, oportunidad y lindezas por el estilo. Pues debe ser en China o Uzbekistán, porque lo que es acá significa “estamos nuevamente en problemas, y no sabemos cómo salir”.
Sin embargo, hay que reconocer que, a falta de plata grande como tuvieron otras intendencias, la anterior y la actual han logrado cambios masivos e impensables.
Todavía cuesta creer que se haya dejado de fumar en lugares públicos y cerrados. Y bien que se retobaron al principio, exigiendo los “derechos del fumador”.
Asimismo, y aunque sea comparativamente menor, también parecía imposible pasar del cospel a la tarjeta magnética, la misma que tratan de implementar en Capital Federal.
El tercer logro, que incluso podría superar al tabaco, sería lograr que Córdoba sea una ciudad libre de mugre. Hace falta obstinación, y rigor. Una multa duele, y por lo general está justificada. Y un cartel en la puerta del tipo “no sea sucio, limpie su vereda y saque la basura a horario” provocaría el deleite barrial. Cuánta gente bien vestida y alimentada saca las bolsas cuando se le canta, más aún en el cinturón serrano. Total, después se la aguantan los lugareños…

Pequeña industria
En definitiva, éste puede ser el gran año de la basura, un tópico mundial por sus derivaciones laborales y miniindustriales. El uruguayo Raúl Zibechi comparó a los “catadores” brasileños, los “cartoneros” argentinos y los “hurgadores” charrúas. Como de costumbre, la intelectualidad vecina es un ejemplo para la nuestra.
Zibechi empezó censando la actividad en Montevideo, que hacia 1980 fue sistematizada por un cura (el padre Cacho, de la comunidad San Vicente) y llegó a tener 50 mil personas viviendo de la basura. El informe permite deducir que un basural a “cielo abierto”, como el que se abre por los bulevares Las Heras y Los Paraísos, podría ocupar mano de obra, regular el “cirujeo” y convertirse en un nexo social. Cuestión de pensar limpio y asumir la crisis.

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