21 oct. 2007

Verano sin agua en el norte

La Voz del Interior (21/10/2007)
Otro verano sin agua en el norte



El problema que padecen algunas localidades del noroeste provincial tiene su origen más en la infraestructura que en la provisión de agua. Los pozos ubicados en Quilino tienen suficiente capacidad para abastecer a la población conectada, pero el acueducto es muy viejo y se rompe cuando se le incrementa la presión.
Los días calurosos de esta primavera encendieron un problema histórico que afecta a poblaciones de la región más postergada del territorio cordobés: el desabastecimiento de agua potable en el noroeste.
Las altas temperaturas registradas en los últimos días, con marcas que alcanzaron los 35 grados en la zona, incrementaron sensiblemente el consumo de agua, tanto para uso humano como para riego de cultivos y la actividad ganadera.
Como sucede habitualmente con el arribo de las estaciones cálidas, muchos pobladores de los departamentos Ischilín, Tulumba y Sobremonte elevan plegarias al cielo invocando la lluvia, mientras los jefes políticos de los gobiernos locales peregrinan a Córdoba en busca de ayuda en la Dirección Provincial de Agua y Saneamiento (Dipas) y en los principales despachos de la Casa de las Tejas.
Otros se reúnen para gritar a coro sus penurias con la esperanza de ser escuchados por quienes tienen la posibilidad de tomar las decisiones o realizar las obras necesarias con el fin de modificar definitivamente esta realidad dramática.
Por caso, el miércoles próximo se reunirán en Quilino los jefes comunales de San José de las Salinas y Lucio V. Mansilla, la intendenta electa de la localidad anfitriona, Soledad Carrizo, y directivos de la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos de Quilino para analizar la situación de cara al próximo verano, que presagian crítico para la provisión de agua potable.
La gravedad del cuadro crónico obedece a una serie de factores concurrentes.
La región de referencia está ubicada en la franja árida o sub-húmeda que atraviesa longitudinalmente la porción continental del país y no se tuvo en cuenta a mediados del siglo pasado cuando la Provincia encaró la construcción de diques con el propósito de aprovechar las lluvias estivales, regular los recursos superficiales de agua dulce y combatir su escasez.
Más acá en el tiempo, más precisamente en el último gobierno del radical Ramón Mestre (1995-1999), la Provincia transfirió a muchos municipios el servicio de agua potable —hasta entonces a cargo de la Dipas, medida que no hizo más que postergar obras imprescindibles y profundizar la crisis de la prestación en aquellas áreas donde la densidad de población imposibilitaba concesionarla por el desinterés de empresas privadas en explotar el servicio.
En el caso de los pueblos en los que la provisión de agua está a cargo de cooperativas, la desactualización de las tarifas y el alto nivel de morosidad en el pago inciden directamente en la desinversión en infraestructura y en el deterioro del servicio.

Un botón de muestra

En 1997, el Gobierno provincial transfirió el manejo del servicio de agua potable, hasta entonces en la órbita de la Dipas, a los municipios de Quilino, San José de las Salinas y Lucio V. Mansilla.
Al no disponer de los recursos económicos ni humanos con capacidad técnica necesarios, los gobiernos locales entregaron la concesión del agua por 15 años a la Cooperativa de Obras y Servicio Públicos de Quilino, acordando una tasa mensual de cinco pesos (dólares) por conexión domiciliaria.
En 2005, la negativa del Concejo Deliberante de Quilino de ajustar la tarifa llevó a la entidad solidaria a comunicar mediante carta documento su decisión de restituir a los municipios el servicio de agua, porque la ecuación económica no cerraba y ponía en riesgo la continuidad misma de la cooperativa.
“La situación se tornó insostenible. El acueducto que llega hasta Lucio V. Mansilla (60 kilómetros al noroeste de Quilino) tiene tramos de caños que datan de hace 70 años y por eso, cuando aumenta la demanda en los días de calor y es necesario meterle más presión a la red de distribución para que el agua llegue hasta allá, se producen roturas y filtraciones”, explicó Nicolás Lobos, gerente de la Cooperativa de Quilino.
“Las roturas de los caños, cuando hace calor, son muy frecuentes y cada reparación implica que nos quedemos dos o tres días sin agua, que es el tiempo que lleva detectar la pérdida, poner las bridas para reparar el problema y devolverle la presión a la red”, señaló el intendente de San José de las Salinas, el vecinalista Fernando Jachuf
Como el remedio de la restitución del servicio a los municipios iba a ser probablemente peor que la enfermedad, la Dipas desempolvó dos proyectos que contemplaban el reemplazo de prácticamente la totalidad de la cañería del sistema, con una inversión calculada entonces en unos cuatro millones de pesos.
A poco de andar, ambas iniciativas volvieron a foja cero porque Dipas pretendía que la Cooperativa de Quilino asumiera solidariamente el crédito ante el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (Enohsa) por el monto total de las obras.
“No estábamos dispuestos a poner en riesgo el patrimonio de la cooperativa para buscar la solución a un problema, cuando es el Gobierno provincial quien tiene que asumir esa responsabilidad”, señaló Lobos.
Así las cosas, todo hace presagiar que los cordobeses olvidados del noroeste cordobés volverán a padecer un verano infernal con escasez de agua potable.

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